Una de las costumbres clásicas de Madrid, en los días calurosos de verano, son los abanicos. Antiguamente, las mujeres no solo lo usaban el abanico para calmar el calor, sino también para dar pistas a los hombres de las intenciones que tenían con ellos. Así que cuando el coqueteo comenzaba, empezaban a mover el abanico con delicadeza y destreza. Aquí les dejamos algunos ejemplos del lenguaje de los abanicos. Cuando por ejemplo se tapaba la cara con el abanico abierto y solo dejaba asomar sus ojos por encima, quería decir, "Ten cuidado, nos espían". Cuando la mujer desplazaba el abanico abierto dejando aparecer su bello rostro con mirada seductor, quería de decir "¡Me gustas mucho!. Cuando con el abanico cerrado se golpeaba la zona del corazón quería decir, "¡Te amo, y sufro!. Cuando con el abanico cerrado se tocaba la frente quería decir ¡Me acuerdo de ti!. Cuando cerraba el abanico de un golpe con cara de enojo, quería decir, ¡Estoy celosa!. Cuando miraba y tocaba el abanico con cabeza baja quería decir ¡Deseo hablarte!.
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