ACTOS DE AMOR
2ª PARTE
La Muñeca y la Rosa Blanca
De prisa, entré en la tienda por departamentos a comprar unos regalos de Navidad a última hora. Miré a mí alrededor toda la gente que allí había y me molesté un poco. Estará aquí una eternidad; con tanto que tengo que hacer pensé. La Navidad se había convertido ya casi en una molestia.
Mi corazón casi deja de latir. Volví a mirar al niño una y otra vez. Él continuo: "Le dije a Papá que le dijera a Mamá que no se fuera todavía. Le dije que le dijera a ella que esperara un poco hasta que yo regresara de la tienda." El niño me preguntó si quería ver su foto y le dije que me encantaría. Entonces, el saco unas fotografías que tenía en su bolsillo y que había tomado al frente de la tienda y me dijo: "Le dije a Papá que le llevara estas fotos a mi mamá para que ella nunca se olvide de mí. Quiero mucho a mi mamá y no quisiera que ella se fuera. Pero Papá dice que ella se tiene que ir con mi hermanita." Ahora tu tienes la opción, tu puedes cambiar tus actitudes y ser más sensible ante las necesidades de los demás, pudiendo covertirte en instrumento de Dios para ayudar a otros, no actúes como si este mensaje no te hubiera tocado el corazón. |
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Aún no llego a comprender cómo ocurrió, si fue real o un sueño. Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un buen libro en la mano. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear... En algún lugar entre la semi-inconsciencia y los sueños, me encontré en aquel inmenso salón, no tenía nada en especial salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas. Los ficheros iban del suelo al techo y parecía interminable en ambas direcciones. Tenían diferentes rótulos. Al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado: "Muchachas que me han gustado". Lo abrí descuidadamente y empece a pasar las fichas. Tuve que detenerme por el impresión, había reconocido el nombre de cada una de ellas: ¡se trataba de las muchachas que a MI me habían gustado! Sin que nadie me lo dijera, empecé a sospechar de donde me encontraba. Este inmenso salón, con sus interminables ficheros, era un crudo catálogo de toda mi existencia. Estaban escritas las acciones de cada momento de mi vida, pequeños y grandes detalles, momentos que mi memoria había ya olvidado. Un sentimiento de expectación y curiosidad, acompañado de intriga, empezó a recorrerme mientras abría los ficheros al azar para explorar su contenido. Algunos me trajeron alegría y momentos dulces; otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos que tuve que volverme para ver si alguien me observaba. El archivo "Amigos" estaba al lado de "Amigos que traicioné" y "Amigos que abandoné cuando más me necesitaban". Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo. "Libros que he leído", "Mentiras que he dicho", "Consuelo que he dado", "Chistes que conté", otros títulos eran: "Asuntos por los que he peleado con mis hermanos", "Cosas hechas cuando estaba molesto", "Murmuraciones cuando mamá me reprendía de niño", "Videos que he visto"... No dejaba de sorprenderme de los títulos. En algunos ficheros habían muchas mas tarjetas de las que esperaba y otras veces menos de lo que yo pensaba. Estaba atónito del volumen de información de mi vida que había acumulado. ¿Sería posible que hubiera tenido el tiempo de escribir cada una de esas millones de tarjetas? Pero cada tarjeta confirmaba la verdad. Cada una escrita con mi letra, cada una llevaba mi firma. Cuando vi el archivo "Canciones que he escuchado" quedé atónito al descubrir que tenía más de tres cuadras de profundidad y, ni aun así, vi su fin. Me sentí avergonzado, no por la calidad de la música, sino por la gran cantidad de tiempo que demostraba haber perdido. Cuando llegué al archivo: "Pensamientos lujuriosos" un escalofrío recorrió mi cuerpo. Solo abrí el cajón unos centímetros. Me avergonzaría conocer su tamaño. Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido. Me sentí asqueado al constatar que "ese" momento, escondido en la oscuridad, había quedado registrado... No necesitaba ver más... Un instinto animal afloró en mí. Un pensamiento dominaba mi mente: Nadie debe de ver estas tarjetas jamás. Nadie debe entrar jamás a este salón. Tengo que destruirlo! En un frenesí insano arranqué un cajón, tenía que vaciar y quemar su contenido. Pero descubrí que no podía siquiera desglosar una sola del cajón. Me desesperé y trate de tirar con mas fuerza, sólo para descubrir que eran mas duras que el acero cuando intentaba arrancarlas. Vencido y completamente indefenso, devolví el cajón a su lugar. Apoyando mi cabeza al interminable archivo, testigo invencible de mis miserias, y empecé a llorar. En eso, el título de un cajón pareció aliviar en algo mi situación: "Personas a las que les he compartido el Evangelio". La manija brillaba, al abrirlo encontré menos de 10 tarjetas. Las lagrimas volvieron a brotar de mis ojos. Lloraba tan profundo que no podía respirar. Caí de rodillas al suelo llorando amargamente de vergüenza. Un nuevo pensamiento cruzaba mi mente: nadie deberá entrar a este salón, necesito encontrar la llave y cerrarlo para siempre. Y mientras me limpiaba las lágrimas, lo vi. ¡Oh no! ¡por favor no! ¡El no! ¡cualquiera menos Jesús! Impotente vi como Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas. No soportaría ver su reacción. En ese momento no deseaba encontrarme con su mirada. Intuitivamente Jesús se acercó a los peores archivos. ¿Por qué tiene que leerlos todos? Con tristeza en sus ojos, buscó mi mirada y yo bajé la cabeza de vergüenza, me llevé las manos al rostro y empecé a llorar de nuevo. El, se acerco, puso sus manos en mis hombros. Pudo haber dicho muchas cosas. Pero el no dijo una sola palabra. Allí estaba junto a mí, en silencio. Era el día en que Jesús guardó silencio... y lloró conmigo. Volvió a los archivadores y, desde un lado del salón, empezó a abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el mío. ¡No! le grité corriendo hacia El. Lo único que atiné a decir fue solo ¡no! ¡no! ¡no! cuando le arrebaté la ficha de su mano. Su nombre no tenía por que estar en esas fichas. No eran sus culpas, ¡eran las mías! Pero allí estaban, escritas en un rojo vivo. Su nombre cubró el mío, escrito con su propia sangre. Tomó la ficha de mi mano, me miró con una sonrisa triste y siguió firmando las tarjetas. No entiendo como lo hizo tan rápido. Al siguiente instante lo vi cerrar el último archivo y venir a mi lado. Me miró con ternura a los ojos y me dijo: Consumado es, está terminado, yo he cargado con tu vergüenza y culpa. En eso salimos juntos del Salón... Salón que aún permanece abierto... Porque todavía faltan más tarjetas que escribir. Aún no se si fue un sueño, una visión, o una realidad... Pero, de lo que si estoy convencido, es que la próxima vez que Jesús vuelva a ese salón, encontrará más fichas de que alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas. Jagninet |

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SOY FELIZ, GRACIAS A DIOS Tengo 14 años y soy una muchacha feliz. Un viernes de hace un tiempito, me sucedieron muchas cosas bellas juntas, y yo estaba muy contenta, al otro día, y después de haber pasado la noche reflexionando sobre el amor en el mundo como solución para los hombres y todos, y como mensaje principal de la palabra de Dios, decidí que le debía un sentido agradecimiento a Él por hacerme entender estas cosas y hacerme tan feliz, así que a eso de las 7 p.m. fui a la Iglesia a orar y pensar y agradecer. Estuve mucho tiempo reflexionando sobre todo lo que había aprendido hasta ese momento y saqué una conclusión muy simple y muy grande sobre lo que Jesús trató desde siempre de enseñarme, me sentí muy completa, muy realizada, de entender esto y comprender esa conclusión. En ese momento, {de suma alegría} noto que una hermana está por comenzar a celebrar la misa, y me dispuse a escucharla pese a que no había ido con esa intención, pero no me haría mal ¿verdad?. La hermana Cuqui empezó a leer el Evangelio y...no pude evitar las lágrimas cuando escuchaba que la Palabra que ella estaba leyendo eran exactamente las palabras que yo había escogido para crear mi conclusión segundos antes, y que la explicación que nos daba la hermana era justamente lo que había pensado yo. Llorando y alabando a Dios, no pude resistir quedarme en el lugar y me retiré, agradeciendo mil veces, claro. Al salir afuera todo era distinto para mi, la vida era más simple y bella que antes, realmente este acontecimiento mágico me cambió exterior e interiormente, reafirmó mi fe para siempre y me dio la necesidad de hablar al mundo sobre un mensaje precioso de Amor que cada persona debe descubrir por sí misma para lograr la absoluta felicidad. Ya nunca más me sentiré sola, tengo a alguien en el corazón. Noelia M Sánchez
DECALOGO DEL BUEN AMOR AMOR ES: Entrega, compromiso y Servicio. AMOR ES: Relacionarse positivamente con Comprensión: AMOR ES: Valorarnos como seres en evolución y aprender a convivir con nosotros y los demás en Paz Creativa y Armonía: AMOR ES: Generar en la humanidad o en aquellos que quieran conseguir una vibración alternativa donde todos podamos crecer en ella y ayudar a crecer. AMOR ES: Ser conscientes de la responsabilidad de constituir una Generación a Salvo. AMOR ES: Aplicación constante al desarrollo espiritual. AMOR ES: Transmitir el mensaje de una nueva alternativa Superior y única posibilidad de desterrar al no ser. AMOR ES: Templanza frente a la adversidad y apoyo mutuo. AMOR ES: Humildad, porque los últimos serán los primeros. AMOR ES: Ejercer el libre albedrío positivamente, con responsabilidad frente a nosotros mismos. Todos y cada uno de los seres humanos debemos ser los artífices de estos cambios fundamentales, porque somos parte de una Generación a Salvo en camino hacia la re-evolución, generando transformaciones. El verdadero buscador, debe dirigirse en el sentido de la expansión interior y la expansión exterior del Camino del Guía Interior. Todo re-nacer espiritual debe crecer y multiplicarse y esto depende de nuestra transparencia y entrega.
lo envió Christian |

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LA CAJA LLENA DE BESOS lo envió jagninet
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| METAFíSICA | ||