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Amor Eterno
y
en un lejano pueblo perdido en la historia, que
cuando el sol por las mañanas aparecía, esperanzas
nuevas iluminaban
a Paul, que
empujando su carrito de frutas la
cuesta subía. Era
en una esquina de amplia curva, un
castillo feudal
del caserío emergía. Era
Juliette la que por la escalinata bajaba, para
ver al
doncel de larga y dorada cabellera, que
su carrito empujaba. Allí
en el plano de la calle, sus
ojos se encontraban Y
con pretextos baladíes, ellos conversaban. Era
evidente que un amor silente había nacido. Dos
alma puras
y castas conjugaban. Con
embeleso se contemplaban. Mas,
una alta muralla De
la fría piedra del estatus
los separaban. Cada
uno en
un secreto
rincón guardaban
luego en su corazón A
solas del recuerdo, de un imposible amor Soñar
, soñar. Nadie,..
nadie, sabía Que
estas dos almas se amaron Y
cada cual sus vidas hicieron Pero
en el cofre de los
recuerdos un
amor inmortal, nunca muere. El
tiempo inexorable, ha pasado. La
Vida dejó los cuerpos en la tierra Pero
el recuerdo en
las almas se llevaron. Muchos
años pasaron,
tal vez un siglo, y
las almas de
nuevo en la Tierra se encontraron. Otros
nombres ya tenían, en
otras posiciones se hallaban. Y
cuando sus miradas
se encontraron, ¡
Juliette! ...¡ Paul ¡ gritaron.
(las almas) Tanto
aquellas se agitaron, que
a los cuerpos físicos impelieron y
en un largo beso, su amor eterno sellaron.- José Ignacio Rigoni |