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LAS APARIENCIAS |
CONFERENCIA DE SAMAEL AUN WEOR |
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Bueno, hermanos, vamos a
empezar nuestra plática de esta noche. Ruego a todos poner la atención
debida... En todo caso, el sentido de la plática de esta noche, significa que
nosotros No debemos dejarnos llevar de las apariencias, debemos no dejarnos
fascinar por las distintas escenas de la vida. La vida es como una película;
una película compuesta, como es natural, por muchos cuadros y escenas. No
conviene, en modo alguno, identificarnos con ningún cuadro, con ninguna
apariencia, porque todo pasa: pasan las personas, pasan las cosas, pasan las
ideas. Todo en el
mundo es ilusorio; cualquier escena de la vida, por muy fuerte que ella sea,
pasa y queda atrás en el tiempo. Lo que nos debe interesar a nosotros, es eso
que se llama el «SER», la CONCIENCIA. He allí lo fundamental, porque el SER no
pasa; el SER es el SER y la razón de ser del SER, es el mismo SER. Cuando
nosotros nos identificamos con las distintas comedias, dramas y tragedias de la
vida, es obvio que caemos en la fascinación y en la inconsciencia del sueño
psicológico. He allí el motivo por el cual no debemos identificarnos con
ninguna comedia, drama o tragedia, porque por muy grave que sea, pasa. Hay un
dicho vulgar que reza así: «No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo
resista». Así que, todo es ilusorio, pasajero... Uno a veces,
en la vida, se encuentra con algunos problemas difíciles. Sucede que a veces no
encuentra uno (en la vida, dijéramos) la salida, la solución al problema, y
éste se vuelve enorme, monstruoso ante nuestra Mente. Entonces sucumbe uno
entre las preocupaciones, y dice: «¿Cómo haré, que haré?» No le
encuentra uno escapatoria, y el problema, a medida que se analiza, se vuelve
más y más monstruoso, enorme y gigantesco. Pero llega el día en que si nosotros
afrontamos el problema tal cual es, es decir, si «agarramos al toro por los
cuernos», como se dice, vemos que el problema queda en nada (se destruye por sí
mismo), que es de naturaleza ilusoria. Más suele
cualquier problema tomar tales proporciones, su realismo se vuelve tan crudo
ante nuestra Mente, que en verdad no se le encuentra salida por ninguna parte;
siente uno que sucumbe ante el mismo, que en modo alguno se vuelve soluble.
Pero si uno se le enfrenta al problema, vera que es ilusorio y que pasa, como
todo tiene que pasar, y al fin queda en nada. Si uno procede
en esa forma (no identificándose jamás con ninguna situación, con ningún
evento), logrará estar siempre alerta y vigilante, como el vigía en época de
guerra, y en ese estado de alerta donde uno descubre sus defectos psicológicos.
Defecto descubierto , debe ser comprendido y después eliminado. La Mente, por
sí misma, no puede alterar ningún defecto psicológico; la Mente solo puede rotularlos,
cambiar cualquier defecto, pasarlo de un nivel a otro, pero jamás alterarlo
radicalmente. Se necesita de
un poder que sea superior a la Mente y este poder existe en nosotros. Quiero
referirme en forma enfática, a la Divina Madre Kundalini. Si uno ha comprendido
que tiene tal o cual defecto, si lo ha entendido íntegramente, y en todos los
niveles de la Mente, puede concentrarse en Devi-Kundalini Shakti, y mediante
élla puede eliminar cualquier defecto psicológico. Kundalini es
la Divina Madre Cósmica. En las religiones se le ha representado como María o
Marah, como Tonantzin, Rea, Cibeles, Adonía, Insoberta, etc. La Madre Cósmica,
la Madre Divina, en sí misma, es una parte de nuestro propio Ser, pero
derivada. Quiero decir, con esto, que la Madre Cósmica está dentro de nosotros
mismos, aquí y ahora. Si nosotros
imploramos a ese poder, si pedimos a la Madre Divina que elimine de nuestra
psiquis cualquier defecto de tipo psicológico, élla así lo hará. Es obvio que
por tal motivo, se desintegrará el defecto en cuestión... Mediante la
Divina Madre Cósmica, podemos eliminar todos nuestros defectos psicológicos.
Como quiera que la Conciencia está embotellada entre los defectos, eliminando
éstos la Conciencia despertará radicalmente, y entonces podremos ver, oír,
tocar o palpar las grandes realidades de los mundos superiores. Pero es
indispensable No Identificarnos con ninguna circunstancia de la vida. Cuando no
nos identificamos con tal o cual problema, cuando permanecemos alertas,
descubrimos en el problema nuestros propios defectos psicológicos. Normalmente se
ha visto que los problemas obedecen al miedo, que el «Yo» del temor mantiene
los problemas vivos. Se le teme a la vida, se le teme a la muerte, se le teme
al «que dirán», al «dice que se dice», a la miseria, al hambre, a la desnudez,
a la cárcel (a todo se le teme), y debido a esto, los problemas se hacen cada
vez más insolubles, más fuertes. En un problema
económico, ¿qué tememos? La ruina, o que tenemos que pagar determinada deuda,
porque si no pagamos, nos meten a la cárcel, etc. En un problema
de familia, ¿qué tememos? Al «dice que se dice» a la lengua viperina, al
escándalo, a los intereses creados, etc., etc., etc., pero si se elimina el
«Yo» del temor, ¿en qué queda el problema? ¡Todo se esfuma, se vuelve nada…! Tenemos que
pagar el alquiler de una casa y tememos que nos lancen a la calle, hasta
pasamos noches desvelados, pensando que el arrendador ha de llegar y sacarnos a
la calle, más al fin llega el día y resulta que el problema se solucionó, quizás
por donde menos lo esperábamos. Y si no se solucionó la cuestión, si nos
echaron a la calle con todos los muebles, etc., ¿que pasó? ¡En la calle no se
quedarán los muebles, alguien tendrá que recogerlos! En fin por allí no
faltará, dando vueltas, un lugar donde meternos... ¿Y si los muebles se
pierden? ¡Se perdieron!, ¿y qué? ¡Más se perdió en el Diluvio¡ ¿Porqué nos
vamos a apegar a unos muebles? Después, pasó
el problema, por allí quedamos viviendo, en algún lugar, y el problema quedó
atrás, en el tiempo. ¿Qué se hizo el problema? No lo olviden ustedes que todo
pasa: pasan las ideas, pasan las personas, pasan las cosas; todo en este mundo
es fugaz, ilusorio. No podemos y no debemos identificarnos con las apariencias,
porque las apariencias engañan (eso es obvio). Pensemos en los ESTADOS DE
CONCIENCIA, que eso es superlativo... Hay una
tendencia general, de todos, a juzgar equivocadamente a todos, y eso es
lamentable. Pero, ¿por qué todos juzgan a todos, y equivocadamente? ¿Cuál es el
motivo? Sencillamente uno, y muy fácil de comprender: sucede que cada cual
proyecta sus defectos psicológicos sobre los demás, cada cuál ve en el prójimo
sus propios defectos. Los defectos que a otros endilgamos, los tenemos muy
sobrados en nosotros; juzgamos a otros como nosotros somos. Han oído
ustedes hablar de la ANTIPATÍA MECÁNICA? ¿Que de pronto alguien siente
antipatía por alguien, sin haber motivo alguno, y entonces decimos: “ésta
persona me cayó gorda», frase muy típica que usamos? Pero, ¿por qué, si nunca
la hemos visto, si hasta ahora nos la acaban de presentar? ¿Qué sucedió, por
qué nos ha «caído tan gorda» esa persona, si ni la conocemos? Pues que le vimos
la apariencia: es alta o es baja, es gorda o delgada, tiene la nariz aguileña o
la tiene achatada, y ¿ese es motivo ya, como para decir que «nos cayó gorda»?
¿Qué ha sucedido? Sencillamente
hemos proyectado, sobre nuestra víctima, nuestros mismísimos defectos
psicológicos. Posiblemente hemos visto, en esa persona, el defecto más grave
que tenemos y a nadie le gusta verse así, dijéramos, tan escarnecido. La cruda
realidad de los hechos es que tal persona se ha convertido en el espejo donde
nosotros nos vemos a sí mismos, tal cual somos. Si estamos
alertas y vigilantes, si no nos identificamos con el evento, con la persona
aquélla que «nos cae tan gorda», si en vez de estarla criticando nos
auto-criticamos, nos auto-observamos para ver que es lo que está pasando,
descubriremos que un defecto nuestro (nacido de ayer, o de antier, o de quien
sabe que tiempo atrás, de otras existencias), se ha reflejado en aquella
persona y por eso «nos cae tan gorda». He ahí lo que es la antipatía mecánica:
absurda en un ciento por ciento. Nosotros
necesitamos aprender a vivir políticamente. El ser humano, ante todo, es un
ente político, un «animal político», y el mismo hombre es un «hombre político».
Si uno no sabe vivir políticamente, se crea problemas en la vida. Uno tiene que
aprender a vivir políticamente, y en vez de sentir antipatías mecánicas, vale
la pena que nos investiguemos a sí mismos. Sí, en verdad
que proyectamos nuestros propios defectos psicológicos sobre los demás. ¿Por
qué juzgamos equivocadamente al prójimo?, ¿Porqué todos tenemos tendencia a
ver, en el prójimo toda clase de defectos? Sencillamente porque proyectamos en
el prójimo nuestros propios defectos, los juzgamos equivocadamente; suponemos
que fulano es «así» o «asao», y resulta que ni es «así ni es «asao»: es
completamente diferente, y nuestro juicio resulta equivocado, falso; vemos los
hechos ajenos y tenemos la intensa tendencia a interpretarlos erróneamente,
nunca somos capaces de ver los hechos ajenos con ecuanimidad, con serenidad;
siempre los calificamos erróneamente. Recuerden ustedes que hay mucha virtud en
los malvados y que hay mucha maldad en los virtuosos. Los defectos
que cargamos en nuestro interior, nos vuelven injustos para con el prójimo.
Nosotros nos amargamos (a sí mismos) la vida con nuestros defectos, y lo más
grave: se la amargamos a los demás. El defecto de
los celos, por ejemplo, ¿cuánto daño ha hecho? Existen celos políticos, existen
celos de tipo religioso, celos de tipo profesional, celos pasionarios o
vulgares (del hombre por la mujer, de la mujer por el hombre), etc., etc., etc.
Ese es un «Yo», el «Yo» de los celos, y es ciego, no sabe de lógica, no sabe de
razonamientos, no entiende nada de ciencia ni escucha razones... ¿Cuántos casos
de muerte se ven por los celos? Los celos profesionales, ¿cuánto daño hacen?
Algunos curanderos magníficos, que sabían sanar de nuestras enfermedades al
prójimo (magníficos botánicos), muchas veces fueron a dar a la cárcel. ¿Quién
los metió en prisión, si no estaban haciendo mal a nadie, si solo sanaban al
prójimo? ¡Los celos profesionales¡ ¿De quién? de su colegas titulados. En el campo
profesionista, los celos parecen multiplicarse espantosamente, en círculos y
círculos: círculo artístico, círculo político, círculo religioso, etc., pero en
cada círculo hay terribles celos, espantosos... Sufren los
celosos y hacen sufrir (también) a sus semejantes: los celos han causado mucho
y gravísimo daño. Y si eso decimos de los celos, ¿qué diremos nosotros de todos
los otros defectos que tenemos? Ahora, las
apariencias engañan. Muchas veces juzgamos un acto ajeno en forma equivocada,
de acuerdo con nuestros Egos, y el resultado viene a ser precisamente la
calumnia. Y todos calumniamos a todos (¡eso está ya demostrado¡). Hay tendencia,
siempre, a dejarnos llevar de las apariencias. Determinado acto puede ser
juzgado en una forma, y la realidad (correspondiente al mismo) es otra. Un
hecho cualquiera podría ser juzgado en determinada forma y de cierto modo, y no
coincidir el juicio con el hecho, porque resulta que el hecho tiene otro
sentido, diferente al juicio, y entonces el juicio sale equivocado. Al haber
juicio equivocado, se ofende al prójimo, y quien emite el juicio equivocado
también se ofende a sí mismo, se causa dolor. Saber vivir es
muy difícil, porque vivimos en un mundo de apariencias, ilusorio, y tenemos la
tendencia a identificarnos con las apariencias, olvidando LO ESENCIAL, que es
el SER (¡he ahí lo grave¡)... En nosotros,
dentro de nosotros, existen factores psicológicos espantosos, que ignoramos y
que jamás admitiríamos tener. Ante todo deben recordar ustedes que el «Yo» no
es algo (dijéramos) perenne; que el «Yo» es una suma y también una resta, una
multiplicación y una división de «elementos inhumanos» (cada «elemento» de
esos, es un «Yo»). Así, pues, no
tenemos un solo «Yo», tenemos muchos «Yoes». Nuestro «Yo» es pluralizado, no
singularizado, y eso es algo que ustedes deben comprender, porqué existe el «YO
TEMO», el «YO AMO», EL «YO ODIO»,el «YO ENVIDIO», el «YO TENGO CELOS», el «YO
TENGO CORAJE», etc., etc., etc.. Cada uno de esos «Yoes» tienen tres cerebros:
el Intelectual, ubicado en la cabeza; el Emocional, en el corazón, y el
Motor-Instintivo-Sexual en la Espina Dorsal y en los órganos sexuales (cada uno
de esos «Yoes», es una persona diferente). Así, pues,
tenemos muchas personas viviendo dentro de nuestra persona. Lo más grave es que
nuestra Conciencia (lo más digno, lo más decente que hay en nosotros) esté
embotellada entre todas esas PERSONAS INTERNAS que cargamos. Y se procesa la
Conciencia en esa forma, de modo sub-consciente, en virtud de su propio
condicionamiento; es decir, está dormida, y he ahí lo grave. Si tenemos la
Conciencia dormida, ¿cómo podríamos, en verdad, conocernos a sí mismos? Ahora,
¿creen acaso, ustedes, que alguien que no se conoce a sí mismo, puede conocer a
los demás? Si a sí mismos no nos conocemos, ¿cómo podríamos afirmar, nosotros,
que conocemos a los demás, que conocemos a nuestros amigos, que conocemos a las
gentes?. Si queremos
conocer a los demás, debemos empezar a conocernos a sí mismos. Más somos
necios: no conociéndonos a sí mismos, creemos que conocemos a los demás (¡cuán
necios somos¡). Si nos conociéramos a sí mismos, todo sería distinto.
Desgraciadamente, no nos conocemos a sí mismos. Si un hombre
no se conoce a sí mismo, si no conoce sus propios mundos internos, ¿cómo podría
conocer los mundos internos del planeta Tierra, o cómo podría conocer los
mundos internos del Sistema Solar, o de la Galaxia en que vivimos? Si alguien
quiere conocer los mundos internos de la Tierra, o de la Galaxia, o de las
Galaxias, debe empezar por conocerse sus propios mundos internos, empezar a
conocerse a sí mismo. Más, ¿cómo
podríamos conocernos a sí mismos, si no dirigimos jamás la Inteligencia hacia
adentro, hacia el interior; si no nos acordamos nunca de nosotros mismos,
debido a que estamos identificados, precisamente con las apariencias de la
vida? ¿Cómo podríamos conocernos a sí mismos, si jamás dirigimos la
Inteligencia hacia adentro, debido a que estamos fascinados por los distintos
eventos, sucesos o acontecimientos que llegan a nosotros? ¿Cómo podríamos
conocernos a sí mismos, si nunca dirigimos la Conciencia hacia adentro, debido
a que los múltiples problemas de la existencia nos tienen atrapados, los vemos
insolubles, creemos que son eternos, no nos damos cuenta que tienen un
principio y que tienen un fin? Nosotros
estamos atrapados por lo que es inestable, por lo que no tiene verdadera
realidad; estamos metidos en una máquina que gira incesantemente, juzgando a
los demás de acuerdo a como somos (¡he ahí tántos y tántos errores!), y no
coinciden nuestros juicios con los eventos que mal interpretamos, sean éstos
propios o ajenos... Obviamente,
estamos metidos dentro de una máquina que gira incesantemente, pero andamos
sonámbulos, inconscientes, dormidos; nada sabemos sobre sí mismos, porque nunca
nos acordamos de sí mismos, de nuestro propio Ser; tenemos la Mente demasiado
ocupada en las cosas ilusorias, en lo que es pasajero. Nosotros
debemos buscar la Auto-realización Intima del Ser, no vivir más como autómatas;
debemos vivir en estado de alerta-percepción, de alerta novedad... ¡Estamos en un
«estado de coma» espantoso¡ Reflexionen en esto: Primero, no nos conocemos a sí
mismos; Segundo, proyectamos nuestros defectos psicológicos sobre los demás y
vemos en los demás nuestros propios defectos; Tercero, juzgamos equivocadamente
las acciones de los demás; Cuarto, tales acciones no coinciden con el juicio
que nosotros emitimos; Quinto, el juicio que nosotros emitimos, es en verdad
del propio defecto psicológico que sobre el prójimo hemos proyectado. Conclusión: el
prójimo nos está sirviendo de espejo, pero nosotros no nos damos cuenta, en
nuestra inconsciencia, de que el prójimo está únicamente reflejando nuestros
propios defectos, nuestro propio «Yo psicológico». El prójimo es
un espejo donde nosotros nos reflejamos, más no comprendemos que el reflejo
(que hay en el espejo) es nuestro propio reflejo; ni siquiera nos damos cuenta
de que nos estamos reflejando en el prójimo. Antes bien, estamos tan
identificados con el evento, con las circunstancias, que ni remotamente se nos
ocurre reflexionar en todas estas cuestiones y vivimos en un estado de
fascinación, de inconsciencia y de sueño psicológico. Si en estos
asuntos de la vida práctica (terrenales, dijéramos), andamos tan inconscientes
¿qué podríamos decir nosotros con respecto a las cosas celestiales? En verdad
que podríamos mal interpretar todos los postulados de la Ciencia Hermética;
podríamos mal interpretar, debido a nuestros juicios erróneos, las actitudes de
los otros iniciados, la vida de los Adeptos, etc. Podríamos mal
interpretar, debido a nuestro estado de inconsciencia, hasta el mismo Drama
Cósmico, y obviamente el Drama Cósmico, tal como está estipulado en los cuatro
Evangelios, ha sido mal interpretado. ¿Porqué
podríamos interpretar erróneamente la vida de los Adeptos de la Blanca
Hermandad, o porqué podríamos mal interpretar el Drama Cósmico, o porqué
podríamos mal interpretar los postulados de la Sabiduría Hermética, etc.? Por
un solo motivo: porque nuestro juicio no es libre, es un juicio condicionado
por nuestros propios defectos. Nuestro juicio es el resultado del
embotellamiento Psicológico en el que nos hallamos; nuestro juicio es,
dijéramos, la proyección de nuestros propios defectos. Proyectamos
nuestros defectos sobre los cuatro Evangelios, los proyectamos sobre los actos
de los Iniciados, sobre la vida de los Adeptos, etc. Así es que, también para
las cosas Celestiales no estamos preparados. Proyectamos, y una Mente que
proyecta sus propios errores, no es una Mente libre, no es una mente que pueda
aprehender, capturar la realidad de las cosas, la realidad de los fenómenos, de
los hechos, de las circunstancias que por todas partes nos rodean. Una mente así,
si no sirve para comprender las cosas terrenales, ¿cómo servirá para entender
la vida de los grandes Iniciados, las cosas celestiales? Incuestionablemente
fallaría, por que si lo terrenal no lo puede entender, mucho menos lo
celestial. Así que, creo yo que lo vital, en la vida, es no dejarnos llevar por
las apariencias, no dejarnos capturar por los eventos, por las circunstancias.
Antes bien, estar alertas para descubrir, en tales eventos, nuestros propios
defectos de tipo psicológico. Cada
circunstancia de la vida, ya sea ésta en la casa, en la calle, y en donde sea,
nos brinda maravillosas oportunidades, y si estamos alertas y vigilantes, como
el vigía en época de guerra, logramos aprehender nuestros propios defectos, que
se proyectan sobre el prójimo. El prójimo es
el espejo donde podemos ver nuestros mismos defectos. Si vamos por la calle y
vemos un ebrio, a un borrachito, ¿qué haremos? No burlarnos del borrachito.
Antes bien, decir: «¡Ahí voy yo¡» «¡Vea, ese borracho soy yo; vea como hago
pantomimas, cuán cómico estoy yo» «¡Ese soy yo, ahí voy..¡». Debemos aprender a
vernos en los demás. Si descubrimos, allá, un individuo que «truena» y
«relampaguea», que «rasga sus vestiduras», como Caifás, debemos decir: «¡He ahí
yo, allí estoy yo¡» «sí, cuán iracundo soy, cómo «rasgo mis vestiduras», cómo
blasfemo; ese soy yo..¡. En verdad, pues, estamos reflejándonos sobre los
demás, en el prójimo nos estamos reflejando... Claro, podrían
ustedes decirme, en forma enfática, o tal vez objetarme: «¡No, yo no soy
ladrón, yo no soy asaltador de casas; yo no me subiría jamás a la azotea y me
metería en una casa ajena, para robarme los dineros o las joyas»... Eso dirían,
¿verdad? Juzgaremos al ladrón diciendo: «¡ladrón es, y a la cárcel con él¡» Mas
sucede que, en muchos de nosotros, también existen «Yoes» ladrones. No los
conocemos, no los hemos descubierto, pero existen. Ahí sí es como
dijo Galileo: «Pur se muove, se muove» (es decir, «pero se mueve, se mueve»).
Cuando a Galileo le preguntaron: «¿Jura usted que la Tierra no es redonda y no
se mueve?», entonces dijo,»!Lo juro, pur se muove, se muove!» (es decir, «se
mueve y se mueve»). Así dijo Galileo, y se evitó que lo quemaran vivo en la
hoguera de la Inquisición. Así podemos
decir nosotros: que no tenemos el «Yo» del robo. Habrá, entre ustedes, personas
tan honradas que sean incapaces de quitarle «un quinto» a nadie, y sin embargo
tienen el «Yo» del robo (increíble, pero cierto; algún día lo descubrirán). ¿Quién podría
pensar, por ejemplo, que una dama virtuosa, magnífica esposa, tenga un «Yo» de
prostitución? Increíble, ¿no? Pero vamos más allá: pensemos en una niña
pequeña, que es todavía más escandaloso... ¿Que una niña de doce años
(inocente, bien criada religiosamente), tenga el «Yo» del prostíbulo? (¡Es algo
que causa asco!). Dirán ustedes: «¡Imposible, absurdo¡» Más, sí puede ser... Recuerden
también, ustedes, que así como hay una luna allá arriba, brillando entre el
firmamento y que tiene dos caras (una, para iluminar la noche, y otra
escondida, oculta, que no se ve), así también hay una Luna Psicológica (dentro
de cada uno de nosotros) con dos caras: la que se ve y la que no se ve, la
manifiesta y la oculta. En la cara manifiesta de esa Luna Psicológica, tenemos
los defectos que a simple vista resaltan: ira, codicia, lujuria, envidia,
orgullo, pereza, gula, etc., y «otras tantas hierbas más». Pero detrás de
esa cara que siempre se ve, que a simple vista se ve, en nuestra Luna
Psicológica existe la parte oculta, la que no se ve. Allí existen defectos que
ignoramos, allí todos resultamos MAGOS NEGROS, allí todos resultamos
hechiceros, brujos; allí las damas (más aristocráticas) resultan prostitutas,
etc., etc., etc. En esa cara
oculta de la Luna (que no se ve), de la Luna Psicológica, hay «Yoes» de
prostitución, hay «Yoes» de adulterio, hay «Yoes» de robo, etc., «Yoes» que
normalmente ignoramos, porque si alguien nos dijera que nosotros tenemos tal o
cuál «Yo» de esos, nos ofenderíamos, no lo aceptaríamos de ninguna manera, más
sí los tenemos. Si a un santo
del Nirvana se le dijese que él tiene todavía «Yoes» del asesinato, de la
prostitución o del robo, se ofendería terriblemente. El santo nos bendeciría
diciendo «¡Que Dios te perdone, hijo mío; estás perdonado, no guardo rencor
contra tí, pero sé, hijo mío, que yo no tengo nada de eso¡» Así diría aquel
santo del Nirvana. ¿Por qué?
Porque no es más que un santo. En esa forma, aquel santo detiene su avance
hacia el Eterno Padre Cósmico Común. Y muchos son los santos que así están:
detenidos en su avance; porque, en verdad, aunque sean del Nirvana, en la cara
oculta de la Luna (que no se ve), en esa cara oculta de la Luna Psicológica,
cargan todos esos «Yoes», y esto es lo que no entienden muchos. Esto es, en
verdad, lo grave: todos tenemos tendencia a justificarnos, a dejarnos llevar
por las apariencias. En cuanto a lo
que a mí se refiere, ni soy santo ni me interesa ser santo. ¿Porqué no me
interesa ser santo? Porque me detendría, en mi progreso esotérico. Se muy bien
que la parte oculta de mi Luna Psicológica, tienen que existir
(indubitablemente que existen) «Yoes» de tiempos antiguos, escondidos entre las
tinieblas. Eso lo sé, y sé también que sólo penetrando heroicamente (con la
espada en la mano) en esa zona de nuestra Luna Psicológica, podremos en
realidad de verdad eliminar tales defectos, más esto es muy avanzado. Normalmente,
las gentes pueden eliminar los defectos de esa parte de la Luna Psicológica,
esos defectos que resaltan, que a simple vista se ven. Ya cuando se trata de
penetrar en la parte oculta de la Luna Psicológica, en la parte escondida, pues
se requiere un esfuerzo mayor. Eso pertenece ya a la «INICIACIÓN DE JUDAS»,
corresponde a la PASIÓN POR EL SEÑOR. Nadie podría penetrar en esas zonas, sin
empuñar la Lanza en la «Forja de los Cíclopes», es decir, en la «Novena
Esfera»... ¿Misterios? ¡Sí y muy grandes...¡ El santo no
llega tan lejos: se contenta con eliminar los «Yoes-Defectos» que posee en la
cara visible de su Luna Psicológica. Luego se beatifica y de allí no pasa
(entonces se estanca). He ahí el motivo por el cuál yo no soy santo, ni quiero
ser santo. Unicamente amo la comprensión, y eso es lo fundamental: la
comprensión de sí mismos. En realidad de
verdad, el Adepto está más allá de los santos. Cuando alguien dijo «los santos
Maestros», ese alguien estaba equivocado, porque los Maestros están más allá de
los santos. Primero está el profano, luego el santo y después el Maestro. El
Maestro está más allá de la «ESFERA DE LOS SANTOS»; en el Maestro está la
sapiencia. Más, es
posible juzgar equivocadamente a los Maestros, a los Adeptos. Tenemos siempre
la tendencia a proyectar, hasta sobre los Adeptos, nuestros propios defectos de
tipo psicológico. Si juzgamos equivocadamente a los Adeptos, sobre ellos
lanzamos nuestros juicios equivocados, porque si no es posible juzgar
rectamente los actos del prójimo, mucho menos es posible juzgar los actos de
los Adeptos en forma correcta. Normalmente, tenemos tendencia a tirar lodo
contra los Adeptos. Así como tiramos lodo contra nuestro prójimo, también
tiramos lodo contra los Adeptos de la Blanca Hermandad. Por eso, éstos han sido
crucificados, envenenados, metidos en prisiones, apuñalados, perseguidos... Es muy difícil
juzgar a un Adepto. Si es casi imposible juzgar al prójimo, mucho menos
podríamos juzgar a un Adepto. Así que, los invito esta noche a la reflexión: a
no dejarse llevar jamás de las apariencias, porque las apariencias engañan; a
no endilgar nuestros defectos a nadie. Y hasta aquí
mis palabras. ¡Paz Inverencial! THELEMA Periódico virtual Independiente Gnóstico |