CÁNCER
Cuando en
un organismo una o varias células alteran su comportamiento y empiezan a
desarrollarse desordenada y caóticamente, provocan finalmente que, el orden que
lo mantenía operativo se rompa y acabe por hacerse insostenible sobreviniendo
por ello su muerte y con ella también la de las células que lo originaron. Es,
dicho de un modo quizá demasiado simplista e impreciso, pero didáctico: El cáncer.
Con la misma tónica de simplicidad: Cada célula recibe “mensajes” que le
indican su lugar de ubicación y su función. Es por eso que tenemos cinco dedos
y no siete y el bazo está situado donde le corresponde y las células que se
van renovando lo hacen en base a este mensaje para que, a medida que son
sustituidas, siga siendo un bazo, o un riñón, hígado... Ahora bien, este
mensaje puede, por diversas y determinadas circunstancias, ser mal
“transmitido” en origen, o bien, durante el recorrido hasta la célula,
“interferido” alterándose la información, o finalmente, ser mal “leído”.
Sea como sea, el resultado es que la célula adopta un comportamiento
“individualista” respecto al conjunto, pues deja de seguir la pauta; la
“voz” que dicta a cada parte su función respecto a un todo y empieza a
reproducirse caóticamente, propagando además, a otras células la información
errónea. Por ello no es exagerado considerar a las células cancerosas como
“células egoístas”.
El organismo es un conjunto
de infinitas partes que tienen su razón de ser solo en función a un
todo, aún que, cada una tiene su propio ciclo vital. Es como un ecosistema en
el que cada elemento es insustituible y en el que, lo que le ocurra a cualquiera
de ellos inevitablemente acabará por afectar a cada una de sus partes y,
finalmente, al todo en su conjunto. Tal vez se pueda seguir manteniendo durante
un tiempo alguna forma de equilibrio, pues, no es despreciable la capacidad de
“reajustamiento” de las piezas de este gran “puzzle” de la Vida. Más,
si persistentemente una de estas partes se desentiende, o tal vez ni siquiera
“oye” esa “voz” esta capacidad será desbordada con consecuencias
fatales.
En la Naturaleza una silenciosa voz dicta a cada una de sus infinitas
manifestaciones, bien sea por el mensaje de los genes en los seres animados o la
dinámica de la física y la química a los inanimados su “rol”. Cada una
ejerce, con infinitas variantes, una función reguladora dentro del tupido
entramado del ecosistema. Sin
embargo le ha salido un hijo “chungo”. Una criatura que, como la célula
“egoísta”, no escucha, ó quizá, ni tan solo “oye” su voz. Tal vez
porque posee una mente excesivamente “ruidosa”.
Hay un sobrecogedor paralelismo entre el hombre (o su forma de
comportamiento) y la etiología del cáncer.
El hombre deviene pues, en su comportamiento, en el equivalente a la célula
cancerosa. Y, aún que es duro reconocerlo, hay que admitir que este, es tal vez
la única especie que podría desaparecer sin que la Naturaleza en su conjunto
resultara perjudicada, pues, ¿que efecto regulador (al menos actualmente)
cumple en este entramado? Más bien parece que resultaría altamente
beneficiada. Como evidencia ahí están sus efectos devastadores en cuanto al
medio ambiente y su desmedida
depredación que provoca la extinción de otras especies que tienen tanto
derecho como él a poblar este planeta. Y lo hace, no por hacerse un hueco, por
competir por un nicho ecológico, sino por unos intereses que el mismo ha creado
y que no obedecen a ninguna pauta de lógica natural. y que, impone a cualquier
costo, aún el de su propia extinción como especie, sobre todo su entorno. Y es
que, como la célula cancerosa, en el hombre su individualidad, su “yo” le
“desconecta y hace perder la consciencia de especie. Está inmerso en una
constante lucha por consolidar su identidad como “yo” diferenciado ya que,
todos sus valores y referentes parten del concepto de individualidad. Incluso su
visión de conjunto es la de un colectivo de individualidades ante las
que debe reafirmar la suya. Este y no otro es el origen de todos sus conflictos
y que, extiende en todo cuanto alcanza en una relación desestabilizadora
rompiendo la armonía, el delicado equilibrio del conjunto. Tal vez por ello se
puede afirmar que no existen soluciones colectivas a las que someter a los
individuos: Religiones, filosofías, ideologías,.. falacias que no hacen sino
reforzar nuestra identidad al aglutinarnos en otro “macro-yo” ¡enfrentándose
a otros!, sino individuales e intransferibles con visón colectiva, de
conjunto, holística en suma, en las que, el individuo como tal desarrolle su
consciencia de parte armónica e indisociable de un TODO
¿No seremos pues, un cáncer que le ha salido a este macro-organismo que
es la Tierra en su conjunto?
Tal vez, si fuéramos capaces de recuperar la capacidad de permanecer en
silencio y en el Silencio, alcanzáramos a oír la voz de lo que, en cada árbol,
cada animal, cada piedra, en el aire y el agua mismas hay de nosotros; dialogar
con lo que, en nosotros, hay de cada uno de ellos... Pero se trata de un
silencio muy especial: El silencio de la mente.
Es en este silencio en el que los apegos se desvanecen... En este
silencio, en el que la Identidad cede terreno a la Entidad... En este silencio,
en el que, lo que siempre fue, es y será se hace manifiesto...
En este silencio, al no “ser” nada puedes y, de hecho, eres todo
.Pues, al no ser “eso” eres en la piedra, en el aire, el agua,
el árbol, el animal, etc... como ello lo es también en ti.
¿Como se “hace” para
alcanzar “este silencio”? es la pregunta que casi inevitablemente suele
surgir cuando en alguna ocasión se ha comentado esta reflexión. Más la cuestión
no es tanto la de describir un proceso o una técnica como la de definir y
concretar la naturaleza de aquello sobre lo que queremos actuar. Es decir, que
la pregunta correcta sería: ¿Cual es ese “ruido” de la mente que nos
impide experimentar todo lo anteriormente descrito? Ese ruido de la mente es la
memoria que, haciendo presente un pasado muerto contamina y mata a un presente
vivo. Es el espejo en el que miramos y desde el que experimentamos todo cuanto
nos acontece. Como en el mito de la caverna de Platón, sino las sombras, en
este caso, no experimentamos las cosas tal y como son sino según el reflejo que
de ellas nos llega en el espejo de la memoria del pasado. Un espejo lleno de
abolladuras y lamparones que deforman nuestra percepción directa de la realidad
inmediata. Vivimos tan condicionados por la memoria del pasado que, nuestra
experiencia y percepción del presente está más determinada por la naturaleza
de aquella que la de este. Es esta confrontación la que hace que determinadas
situaciones sean sentidas como negativas y culpabilizadoras pues todo es
comparado con el referente del recuerdo acumulado y, según
este sea algo será experimentado negativa o positivamente. Sin la
memoria de un pasado no existe juicio ni valoración, no hay pecado ni necesidad de perdón o redención alguna;
interpretación en suma; que es tanto como decir deformación. Solo el hecho en
si mismo. Cuando nos liberamos no de la memoria, pues ella es consustancial a
nuestra naturaleza misma, pero sí de nuestras ataduras y la memoria deviene en
eso: SOLO memoria, sucede que alcanzamos a SER SIMPLEMENTE AQUELLO QUE SOMOS,
HEMOS SIDO Y SIEMPRE SEREMOS. Finalmente, un pasado es SOLO pasado y al fin
nosotros SOMOS: ESTAMOS EN EL SER Y SOMOS EN EL ESTAR.
Como ya fue dicho: “Solo los dioses viven el presente”... Pero
también fue dicho y no precisamente con menor énfasis: “Hombre, conócete
a ti mismo ¡Y sabrás que eres Dios!”
Es este Silencio de la mente el que hace posible se haga manifiesta en ti
tu NATURALEZA DIVINA, tu más pura esencia, aquella que te hace eterno, aquello
que permanece inmutable cuando en el eterno ciclo de vida y muerte todo cambia y
solo el cambio mismo permanece. ...Y
es que:
Danzan los astros en el Universo el eterno ritmo de Vida y Muerte. Ciclo
sin fin. Transformación constante.
Nada es eterno; todo cambia. Solo el cambio permanece.
El cambio es la evolución; la música que hace danzar al Universo mismo.
Aquello que ES, es, porque forma parte del ciclo del cambio: porque
cambia.
Es el cambio constante el que hace de cada instante único e
irrepetible... El propio Universo es en sí UNIco y diVERSO... Único
e irrepetible en sí, y diverso en cada uno de los instantes de su existencia.
Tú también, Hombre, como producto e hijo del Universo, eres en ti mismo
un ser único e irrepetible... pero diverso también en cada un de los momentos
de tu tiempo..
Por eso, el hombre es su tiempo, y este, su tiempo, su medida... Y con
esta, su medida, pesa, mide, juzga, valora...¡y actúa!
Más, hombre, cuando el Silencio sea en ti oración... ¡Tu palabra será
verbo creador! Y en el umbral de tus silencios podrás sentir a Dios... Pues,
Dios es al hombre lo que el Silencio a la palabra. Solo el Silencio en su
infinita grandeza puede dar cabida y cobijo a las palabras. Ninguna es excluida,
todas son acogidas por un igual; las más bellas y expresivas o las más soeces
y vacías.
Las palabras pasan... Más, el Silencio, eterno, inmutable e infinito
permanece intacto...
: ¡Dios!
Pues... ¿Que son sino, las palabras, más que sombras deslizándose
furtiva y efímeramente sobre un telón de Silencio?
Hombre, fugaz y efímero, pretendes furtivamente, también, atrapar la
Eternidad... ¿A caso, no sabes que solo los dioses viven el Presente? ...Un
eterno Presente, pues, no otra cosa es la Eternidad.
!Vive pues, el Presente y solo desde el Presente¡ Ello te hará eterno,
pues, en cada uno de tus instantes se sintetizará y hará manifiesta la
Eternidad... Y es que, lo fugaz es, porque se expande en la Eternidad y la
Eternidad es, porque se concretiza y manifiesta en cada uno de sus infinitos y
efímeros instantes: En lo fugaz.
Tú, hombre, abres y haces camino con cada paso... Y aquél que es capaz
de vivir abriendo su camino apoyándose solo en si mismo y de aventurarse a
recorrer el abrupto y vasto paisaje interior, en cada paso, pisa terreno virgen,
inmerso de lleno en una apasionante aventura: VIVIR.
Vive en el Presente; en el Aquí y Ahora.
En este estado interior, nada se repite. Todo es nuevo ya que, en cada
paso, el caminante es renovado y todo es vivido desde una constantemente
renovada perspectiva... Es constantemente enriquecido con las experiencias que,
aún que repetidas, él hace nuevas... Y es que, la Experiencia es el martillo
que sobre el yunque de la Vida, forja y templa al acero del Espíritu. ...¡Con
golpes silenciosamente certeros y contundentes!
Es de ese modo que, tras agotadora singladura buscando la razón de tu
existir, tras el ruido de la mente, el Sagrado Silencio te muestra la faz de
Dios... Y en ella te reconoces pues, te muestra aquello que más allá de toda
ilusión o apariencia en esencia realmente ¡ERES TU!
Y es que, el Hombre no es tanto una vasija a llenar, como una pira a
encender.
Toni Coll