EL CONTACTO
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En enero de 1990 volvió la familia Ossemani al pueblo, y una
noche vinieron a visitarme a mi casa. José me comenté que a poco de
llegar había recibido un mensaje donde le indicaban dos fechas, el 23
y el 25 de enero, sólo eso. Enseguida me preguntó qué opinaba yo sobre
esto. Sólo se me ocurrió decir que tal vez tendría que ir a algún lado.
A lo que José subrayé "tendríamos" y me conté que en el mensaje se
le sugirió mi presencia. Recuerdo que en ese momento contesté:
"entonces tendremos que ir a algún sitio", sin agregar nada más.
Aquí debo aclarar que este tipo de invitación no era la primera
vez que la recibía, quizá por eso mi frialdad al ser invitado. Pero
muchas veces se me había acercado gente, supuestamente contactada,
con quien pasé largas noches en lugares oscuros y perdidos de la sierra,
a la espera de encuentros que nunca se terminaban de concretar. Según
la época del año en que se produjeron esas excursiones, y el lugar donde
se desarrollaron, las únicas experiencias extraordinarias que rescaté
fue sufrir fuertes resfríos, o ser picado por nubes de mosquitos
hambrientos. Para colmo tuve también que experimentar la profunda
decepción de estos amigos al no materializarse el encuentro. Si bien en
lo personal nunca me planteé estas experiencias como una necesidad
para reafirmar mi fe en la presencia extraterrestre, debo reconocer que,
pese a los mosquitos y los enfriamientos, pasé con estas personas
hermosos momentos de meditación, protegidos por el hermoso cielo
nocturno de Capilla del Monte. Por esta razón cuando recibí la
invitación de José decidí acompañarlos, aunque convencido de que no
veríamos nada. ¡Qué equivocado estaba!
CONTACTO
Ya me había olvidado de la invitación de los hermanos Ossemani
cuando una tarde vienen a visitarme. Inmediatamente me informan que
se les había comunicado el lugar y la hora de la cita, que se llevaría a
cabo esa misma noche. Convinimos que me pasarían a buscar a las 23
horas, lo que hicieron con una puntualidad extraterrestre. Durante el
trayecto supe que iríamos a Suncho Huayco, un lugar que se encuentra
al oeste de la planta urbana de Capilla del Monte, próximo al futuro
dique El Cajón. Luego de transitar un trecho por la ruta enripiada que
lleva a la vecina localidad de San Marcos Sierras, nos desviamos por
una huella muy poco transitada que nace a la derecha del camino.
Mientras avanzábamos por ese desolado lugar, dando saltos por
la cantidad de piedras que había en el camino, Carlos me contó cómo
les había sido comunicado el lugar.
Esa mañana mientras paseaban por la zona había sentido una
necesidad impulsiva de tomar por una huella. Su mujer no podía
entender porque se aventuraba por un lugar tapizado de piedras, y
según me dijo Críos, él tampoco. A todo esto José, lo seguía a pocos
metros con su auto. Cuando finalmente llegaron al final del camino
descendieron de los coches, y Carlos, mirando a José, sólo atiné a le-
vantar los hombros sin saber qué decir. Esa misma tarde José fue
canalizado y se le comunicó que ese sería el lugar del encuentro, a las
23.30 ó 24.
Luego de recorrer por un kilómetro ese camino nos detuvimos
frente a una tranquera, donde estacionamos. A pesar de estar en pleno
verano comprobamos que la noche estaba fría y húmeda. Ala distancia
se velan las luces del pueblo, y más allá, oscuro por la fuerte lu-
minosidad de las luces de alumbrado de la planta urbana, el Cerro
Uritorco. Hasta ese momento daba por descontado que el fenómeno
debería producirse cerca de las sierras, por lo tanto esa posición no
por los cerros. Pero José, que se habla apartado unos metros de Carlos
y de mí, se acercó y nos comunicó que acababa de ser nuevamente
canalizado, recibiendo el siguiente mensaje: el contacto se producirá a
las 0:30 horas, y el rumbo sería noroeste. Esta posición indicaba un
lugar totalmente opuesto al esperado, o por lo menos a donde siempre
se habían manifestado los "hermanos de arriba". De todos modos
faltaba poco tiempo para la hora señalada, así que me dispuse a esperar
dentro del auto, porque hacia frío y estaba desabrigado. En el coche me
acompañé Carlos, mientras José se sentó en el baúl mirando hacia la
posición anunciada. Desde allí, sin dejar de mirar hacia el rumbo
anunciado, nos preguntó la hora. Recuerdo que le contestamos: 0:15.
De pronto escuché una exclamación de José, como un lamento, y se me
erizaron los cabellos. Descendió de su posición y se aproximé a no-
sotros. Cuando estuvo frente a la puerta del auto miré hacia el noroeste
y dijo: "allá están". Me di vuelta bruscamente sobre mi hombro derecho
y saqué la cabeza fuera del coche. Entonces pude ver una esfera roja
que por momentos se tomaba de un color más suave. En ese momento
se puso en movimiento en dirección a nuestra posición. El tamaño de
ese objeto era como cuatro veces las dimensiones de una estrella de
primera magnitud. Se cumplía con puntualidad, la cita: 23 de enero, a
las 0:30 horas, rumbo N.O. El OVNI debió estar a unos 1.500 metros
cuando lo descubrimos, aunque el erizamiento de los cabellos (que
luego Carlos admitió también sentido) indicaría que se encontraba
en el lugar desde mucho antes. Por supuesto descendí del auto junto a
Caños y enfoqué el objeto con mis largavistas (prismáticos), y cosa extraña lo logré de inmediato. Para quienes tienen experiencia en el uso de estos
adminículos saben la dificultad de enfocar con ellos, sobretodo cuando
son de óptica larga (20x50), como los míos. Lo cierto es que apenas
apoyé los binoculares sobre los ojos, mágicamente, se apareció el
objeto perfectamente enfocado. La nave se corrió entonces ligeramente
hacia la derecha, luego hacia la izquierda de nuestra posición, a una
distancia aproximada de un kilómetro. La traslación era lenta, por lo
tanto, pude afirmarme sobre el automóvil y disfrutar emocionado,
mientras decía en voz alta: "¡qué maravilla!". Carlos, que estaba a mi
lado, dijo en ese momento: "Eso no puede ser un avión"; no había
acabado de terminarla frase cuando el objeto lanzó una estela de luces
formando una nube brillante, como las bengalas con que juegan los
chicos en las fiestas. Indudablemente con esta demostración si hubo
alguna duda quedó aclarada. De pronto la luz comenzó a agrandarse y
a acercarse a nuestra posición. En lo personal, ante la aproximación de
la nave, me asusté mucho, y luego sabría que mis compañeros también.
Quizá por ello el OVNI retomó el rumbo sudeste y desapareció tras las
sierras, cerca de la estación retrasmisora de Canal 13, cerca de la
localidad de Los Cocos.
La tensión fue muy grande. Agradecí al cielo profundamente por
la maravillosa experiencia vivida. José se había vuelto a separar de
nosotros, y mirando hacia el lugar donde acababa de desaparecer el
OVNI, permanecía con los brazos abiertos y las palmas de las manos
hacia arriba, en la clásica posición de "antena humana", adoptada por
los sensitivos para ser canalizados. Respeté su silencio.
Entonces percibí una extraña sensación, como si en el lugar se
hubiera instalado algo mágico, algo mágico que seguramente dejó
plasmada la presencia de los hermanos extraterrestres. Una magia
imposible de describir con palabras, profunda, que tal vez hayan
disfrutado todos aquellos que vivieron una experiencia similar.
Luego José se acercó a nosotros y nos explicó que su exclamación
y llanto incontenible, previo al avistamiento, lo había provocado un
mensaje que le informó que esa noche se había preparado un encuentro
físico con los Guías, pero evidentemente no estábamos en condiciones
de experimentarlo. El miedo que sentimos al aproximarse la nave fue
una prueba contundente para que no se realizara este contacto. por
esta razón José sintió una profunda angustia, porque deseaba repetir
la abducción de tiempo atrás.
Jorge Suárez
Extracto de su libro "Luces sobre el Uritorco"