CUENTOS - 9ª PARTE

¿CONOCES LAS ESTRELLAS?
En realidad conoces las estrellas?
Existían millones de estrellas en el cielo.
Estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas,
rojas y azules.
Un día inquietas, ellas se acercaron a Dios y le dijeron: Señor Dios,
nos gustaría vivir en la Tierra, entre los hombres. Así será hecho, respondió el Señor. Las
conservaré a todas ustedes pequeñitas, como son vistas, para que puedan bajar a la tierra.
Cuéntase que, en aquella noche, hubo una linda lluvia de estrellas.
Algunas seacurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a
correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los
juguetes de los niños y la Tierra quedó maravillosamente iluminada.
Pero con el pasar del tiempo, las estrellas resolvieron abandonar a los
hombres y volver para el cielo, dejando la tierra obscura y triste. ¿Porqué volvieron?.
Preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al cielo. Señor, no nos fue
posible permanecer en la Tierra. Allá existe mucha miseria y violencia, mucha
maldad, mucha injusticia...
Y el Señor les dijo: - Claro! El lugar de ustedes es aquí en el
cielo.
La Tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra,
de aquel que muere, nada es perfecto.
El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo
eterno, donde nada perece.
Después que llegaron todas las estrellas y verificando su número,
Dios habló de nuevo:
Nos está faltando una Estrella. Será que se perdió en el camino?.
Un ángel que estaba cerca replicó: No Señor, una estrella resolvió
quedarse entre los hombres.
Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección,
donde hay limite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor.
Más, que estrella es esa?. Volvió Dios a preguntar.
Es la Esperanza Señor. La estrella verde. La única estrella de ese color.
Y cuando miraron para la Tierra, la estrella no estaba sola.
LaTierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el
corazón de cada persona.
Porque el único sentimiento que el hombre necesita tener y Dios no
requiere es la Esperanza.
Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana,
propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe como será el futuro.
" RECIBE EN ESTE MOMENTO ESTA ESTRELLITA EN TU CORAZÓN **LA
ESPERANZA** , TU ESTRELLA VERDE. NO DEJES QUE ELLA HUYA Y NO PERMITAS
QUE SE APAGUE.
TEN CERTEZA QUE ELLA ILUMINARÁ TU CAMINO, SE SIEMPRE POSITIVO Y AGRADECE
A DIOS POR TODO. ¡¡SE SIEMPRE FELIZ Y CONTAGIA CON TU CORAZÓN
ILUMINADO
A OTRAS PERSONAS!! "
este hermoso cuento lo envió Patricia Ordenes
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La otra mejilla
Existía un monasterio que estaba ubicado en lo alto de la montaña. Sus monjes eran pobres, pero conservaban en una vitrina tres manuscritos antiguos, muy piadosos. Vivían de su esforzado trabajo rural y fundamentalmente de las limosnas que les dejaban los fieles curiosos que se acercaban a conocerlo los tres rollos, únicos en el mundo. Eran viejos papiros, con fama universal de importantes y profundos.
En cierta oportunidad un ladrón robó dos rollos y fugó por la ladera. Los monjes avisaron con rapidez al abad. El superior, como un rallo, buscó la parte que había quedado y con todas sus fuerzas corrió tras el agresor y lo alcanzó:
" Que has hecho? Me has dejado con un solo rollo. No me sirve. Nadie va a venir a leer un mensaje que está incompleto. Tampoco tiene valor lo que me robaste. O me das lo que es del templo o te llevas también este texto. Así tienes la obra completa."
"Padre, estoy desesperado, necesito urgente hacer dinero con estos escritos santos".
" Bueno, toma el tercer rollo. Si no se va a perder en el mundo algo muy valioso. Véndelo bien. Estamos en paz. Que Dios te ilumine."
Los monjes no llegaron a comprender la actitud del abad. Estimaron que había estado flojo con el rapaz, y que era el monasterio el que había perdido. Pero guardaron silencio, y todos dieron por terminado el episodio.
Cuenta la historia que a la semana , el ladrón regresó. Pidió hablar con el Padre Superior:
" Aquí están los tres rollos, no son míos. Los devuelvo. Te pido en cambio que me permitas ingresar como monje. Mi vida se ha transformado"
Nunca ese hombre, había sentido la grandeza del perdón, la presencia de la generosidad excelente.
El abad recuperó los tres manuscritos para beneficio del monasterio, ahora mucho más concurrido por la leyenda del robo y del resarcimiento. Y además consiguió un monje trabajador y de una honestidad a toda prueba.
El agresor espera agresión, no una respuesta creativa, inesperada, insólita. No sospecha, la conmoción, del poder incalculable de la otra mejilla.
Enrique Mariscal
este cuentito lo envió María
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El Susto
José se tomó un susto!
Fue un lunes por la mañana cuando él,
como hacía todos los lunes,
se levantó para ir a trabajar.
Cuando llegó al baño, vio otra imagen en el espejo
- y se quedó con mucho miedo.
La imagen era igual que José en muchas cosas.
Sus ojos los podía reconocer, incluso la cicatriz
de una caída cuando era niño marcaba su cuello.
Pero, la expresión era diferente. José vio un hombre
feliz y pleno, sonriendo completamente,
sin miedo en su frente,
sin cansancio en su mirada. "¿Quién eres tú?"
preguntó el asustado José.
"¿No me reconoces? Cuando eras joven, me veías todos
los días en el espejo. Charlabas conmigo,
Me contabas tus inquietudes
y miedos. Pero, un día, me abandonaste,
para vivir la vida igual
que la de tus ancestros.Te casaste,
tuviste hijos y eres empleado
de una empresa.
José, soy tu sueño. Vine a verte nuevamente,
antes de morir definitivamente.
Me mataste José, pero te perdono.
De hecho, te entiendo. Me voy feliz conmigo mismo,
pero sería tan bello que entre yo
y tú no hubiera diferencia ninguna.
José, te quiero mucho." Hablando esto, la imagen
se deshizo
y José vio a si mismo en el espejo.
Esto cuenta su esposa y uno de sus hijos que
hasta hoy no entienden
como un hombre puede cambiar tan radicalmente.
Desde aquel día, José pasó a vivir lo que siempre
quiso experimentar
y se tornó un hombre diferente,
pues logró el milagro de resucitar
su propio sueño.
este cuento lo envió María
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UN NIÑO....
Un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios.
Me vas a enviar mañana a la tierra;
pero Como viviré tan pequeño e indefenso como soy?
Entre muchos Angeles escogí uno para ti,
que te esta esperando:
El te cuidara.
Pero dime: aquí en el cielo,
no hago mas que cantar y sonreír,
eso basta para ser feliz.
Tu Angel te cantara,
te sonreirá todos los días
y tu sentirás su amor y serás feliz.
Y Como entender cuando
la gente me hable?
si no conozco el extraño
idioma que hablan los hombres?
Tu Angel te dirá las palabras
mas dulces y mas tiernas
que puedas escuchar,
y con mucha paciencia y cariño
te enseñara a hablar.
Y, Que hará cuando
quiera hablar contigo?
Tu Angel te juntara las manitos
y te enseñara a orar.
He oído que la tierra hay hombres
malos ¿Quien me defenderá?
Tu Angel te defenderá
aun a costa de su vida.
Pero estaré siempre triste
porque no te veré mas señor.
Tu Angel te hablara de Mi
y te enseñara el camino
para que regreses a mi presencia,
aunque Yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba
en el cielo pero ya se oían voces
terrestre, y el niño presuroso,
repetía suavemente:
Dios Mío,
si ya me voy dime su nombre.
¿Como se llama mi Angel?
Su nombre no importa,
tu le llamaras
"Mamá"![]()
Esta historia verídica y sentimental la envió Marina Tziguelnikoff
larusa@montevideo.com.uy
A la abuela mas maravillosa del mundo !!!!.
(Espero poder transmitir con esta narración aunque sea parte de mis sentimientos......)
" En el principio era la arena ...."

" Sólo arena y junguillalal había por estos lados (sentencia Lucía) sólo eso y al-gún bañado." Y, como por arte de magia, aparecen dos fotos que podrían haber sido del Sahara, si no fuera porque en una de ellas un alambrado bien criollo partía la arena al medio y se veía a lo lejos un retazo de mar.
" Al principio todo esto era de Don Juan Ramón Hernández, Luis Galimberti y Mario Ferreira se lo compraron a veinte centésimos el metro en 1911,con idea de fores-tar. Galimberti compró 108 hectáreas y Ferreira un poco mas. Ese fue el comienzo de los Pinares de Atlántida. Forestar para capitalizarse en madera y poner el hombro para aguantar la arena que el viento y el mar se iban tragando."
Al comienzo de mi aventura llegué de la mano de Don Juan Enrique Fabini a la casa de Lucía, sin sospechar que había llegado al punto de partida de un sueño fantástico.
Con ochenta y ocho años se había trepado a su destartalado Volkswagen y me había a-rrastrado en esta búsqueda de las raíces de una parte del balneario.
Partimos del centro de Atlántida dejando el mar a nuestras espaldas, cruzamos la Carre-tera Interbalnearia, doblamos por un camino que discurre por detrás del Country Club y después de un rato de andar, el paisaje cambió y los árboles se agigantaron.
Escondido del avance turístico y protegido de la codicia de los hombres, descubrimos un lugar donde el verde crece por el placer de crecer libre, se enrosca, trepa, regala sombra y perfume. Un lugar donde de pronto estalla el color y cantan muchos pájaros y zumban muchas abejas. Un lugar donde uno se olvida del mundo y se pregunta dónde está.
Entre los troncos de gigantescos eucaliptos rojos y la sombra verde y fresca, un cartel: "LABORIDO - 1911". Unos metros mas allá, una gran casona de dos plantas. Esa es la casa de Lucía Cabrera de Laborado, una mujer de ochenta y dos años adorable, coqueta y charlatana.
Cuando Fabini me previno que íbamos a visitar a la dueña de la casa mas vieja de Atlán-tida, me la imaginé viejita , arrugada , dulce, y resignada al avance de los tiempos. nadie me preparó para enfrentarme el torbellino de vida, picardía y buen humor que es Lucía, menuda, ágil como una ardilla, uñas y labios pintados de rojo, impecable cabello gris pei-nado en apretados rulos y piernas de chiquilina, a Lucía le encanta hablar. Y, cuando ha-bla, dibuja tantas imágenes que unos se queda irremediablemente prendido de sus pala-bras. Habla con los ojos maliciosos y llenos de vida.
"Cuando don Luis Galimberti compró esto, se fue enseguida para San José a buscar al italiano Domingo Laborido para que se ocupara de hacerles los viveros. ¡Había que te-ner coraje para venirse aquí! Empezaron de la nada porque ni siquiera había leña para prender una fogata. Pero Don Domingo, mi suegro, le creyó y se vino con toda la fami-lia. Hicieron un pozo para tener agua y ladrillos para levantar la casa.
Galimberti que importaba de Italia el aceite de oliva BAO y el CASTROL, se fue para allá a buscar las semillas y junto con ellas, se trajo al arquitecto para levantar la casa. "Villa Olga" la llamó porque era el nombre de la única hija que le dio su mujer Doña Honorina Scandroglio."
Y Lucía se levantó y tomándome del brazo me llevó a visitar la casa.
"Todos los cielorrasos son de cerámica en relieve traídas de Italia, pero los mosaicos de-corados de los pisos los hicieron mi marido y Don Domingo, mi cuñado. El italiano les enseñó como hacerlos. Aquí en esta habitación estaba la bomba para sacar agua direc-tamente del pozo a la pileta y en aquel rincón la enorme cocina a leña".
Recorrimos un amplio living comedor con una enorme chimenea. una escalera de made-ra muy empinada llevaba al piso superior, donde estaban los dormitorios.
"¿Usted era de por aquí, Lucía? - pregunté.-
"No.Yo soy nacida en 1910 en campos de Lavalleja. Me enamoré de José León y me vi-ne a instalar aquí a los diecisiete años, de recién casada. Aquí crié cinco hijas, un hijo,u-na nieta y una ahijada que había quedado huérfana. Difteria negra...¿Sabe?... La cuidé y también a sus padres, pero ella fue la única que se salvó por esos se quedó con nosotros."
Volvimos a salir al porche sombreado y nos acomodamos en los sillones para seguir con la charla. Lucía nos convidó con bebidas frescas mientras no paraba de hablar de su te-ma favorito.
" Bueno..... como les iba contando.... Don Luis Galimberti trajo de Italia las semillas pa-ra empezar el vivero. Trajo pino marítimo y piñonero, eucaliptus rojo...del que sirve pa-ra hacer el parquet... ¿vio? .... y glóbulos y por último cuatro variedades de acacia : aro-mo, mimosa, negra y trinervi. Los pinos se plantaron desde donde está ahora la Interbal-nearia hacia el mar. En la costa se plantó acacia trinervi para parar la arena, protegida por bordes de tuna espinosa.
Mi suegro empezó a hacerlos viveros ayudado por toda la familia, al tiempo que se cons-truía la casa. ¡Cuarenta mil macetitas de barro hice una vuelta para plantar las semillas!. Después había que regar las plantitas tiernas y cuidar que no se las comieran las hormi-gas . ¡Si habremos recorrido de noche con farola las hileras matando hormigas!...Era una luchas sin cuartel....pero se fue haciendo. A su tiempo, todo se hace."
Y Lucía se recuesta en su sillón con la satisfacción de la tarea cumplida.
" Y no crea que fue fácil. Yo también trabajaba por mi cuenta y me hacía algunos pesi-tos, porque al costado de la casa teníamos viñas de uva moscatel rosada y blanca.
Uva querida, ¡que uva!. Los hoteles del balneario eran mis clientes, no le compraban a nadie que no fuera Lucía Laborado.
Era como un sueldo extra que yo tenía por cuidar de la viña.
¡Por suerte!... porque cuando Don Luis murió, la señora andaba muy preocupada por-que no la había dejado muy bien de plata y no sabía con que pagar la contribución inmo-biliaria de todos estos terrenos. La hija se había casado con Podestá, pero a ellos no les gustaba esto. De modo que , con el tiempo, nos quedamos nosotros con la casa. Se la compramos a muy buen precio y una parte nos la regaló la señora, por todo lo que ha-bíamos hecho."
Lucía suspira ruidosamente y tras un momento de evidente evocación se lanza de nuevo en picada:
"Es que yo adoro los árboles, ...¿Sabe?... Aún hoy : planto uno todos los días... Y eso que yo debería haberme desengañado porque los árboles me jugaron una mala pasada.
¿No es cierto Fabini? ¿No le contaste a la señora?
"No , la verdad es que no le conté nada". Prefiero que lo hagas tu, vieja."
"Bueno, está bien, se lo cuento yo.... ¿Se acuerda de aquel temporal del año ´67?"
"¡Ya lo creo que me acuerdo!"- y me corrió un escalofrío por la espalda y se me a-montonaron los recuerdos.
"Bueno, ese temporal, fue el 24 de Febrero de 1967. El día anterior era el cumpleaños de una de mis nietas y se lo festejamos aquí. Fue una tarde preciosa y toda la familia mas algunos amigos y vecino vinieron a comer la torta con nosotros. Nos instalamos debajo de los árboles, en el monte al costado de la casa, donde había cuatro eucaliptus colora-dos enormes que nos daban sombra. Eran tan grandes que yo le había dicho varias veces a Josesito, mi marido:
"Hay que degollarlos, viejo...son peligrosos."
La gente tiene miedo de que un viento fuerte les tire los árboles sobre las casas y los sa-can de raíz, pero yo digo siempre que eso es un crimen,. No hay que sacarlos,hay que de-gollarlos y ya está. Si están juntos se apuntalan unos a otros y hacen frente al viento. Siguen creciendo pero uno los puede controlar. Pero el viejo no me hacía caso, le gusta-ban aquellos eucaliptus como estaban.
En eso que estábamos apagando las velitas de la torta, me llamaron la atención unas co-rujas que volaban desde esos eucaliptus hasta la chimenea de la casa y de vuelta a los eucaliptus, chillando y alborotando."
"¿ Corujas, Lucía?...... Le interrumpí, intrigada -¿qué son?- "
"Lechuzas, mi querida, una coruja es una lechuza, bicho de mal agüero . Para mi que a-visaban la desgracia, pero nadie me hizo caso. Y la fiestita siguió hasta bien entrada la noche.Cuando todos se fueron, nos acostamos y nos dormimos enseguida, porque es-tábamos muy cansados. En el piso de arriba dormíamos el viejo y yo en una habitación, dos nietas en otra y del otro lado de la casa, mi otra hija con el marido y el nene.
Ya había amanecido cuando me despertó un ruido rarísimo...era un ruido como a gue-rra".-
¿Usted estuvo en la guerra Lucía?".- Le pregunté, extrañada.
"¡No, mi querida!.. ¡Para nada, gracias a Dios!... Pero era igualito al ruido que yo ima-ginaba que se oiría en una guerra!.- Lucía se inclinó hacia mi y tomándome de la mano me la sacudía tratando de convencerme.
"El ruido era como si muchos aviones volaran juntos y muy bajo. ¡Asustaba! ¿Sabe?.. Miré el reloj y vi que eran las siete menos diez. Me levanté de un salto y empecé a tiro-near al viejo, para que se levantara.
"¡Levantate viejo, pasa algo raro !".
"¡ Dejate de embromar, Lucía -me contestó- y volvete a dormir. ¡Nos acostamos tardí-simo anoche!."
"¡Pero parece que hubiera guerra, viejo !".
"¡Que guerra, ni guerra !". Es sólo el viento. Dormite, te digo."
Y se dio vuelta y siguió durmiendo tan tranquilo.
Desesperada, me puse por encima un vestido a rayitas celeste y blanco que le gustaba mucho a mi marido, porque el era blanco rabioso, ¿Sabe?.. - Acotó Lucía -y corrí a despertar a mis nietas. Nunca me hacían caso, pero esta vez se levantaron sin chistar, se pusieron algo por encima y bajaron la escalera.
Cuando las vi a salvo, volví al dormitorio y empecé a tironear de nuevo a mi marido has-ta que logré tirarlo de la cama al piso.-
"¿ Estás loca, mujer? - Alcanzó a decirme, malhumorado - "¿ que haces ?"
No terminó de decirme eso cuando escuchamos un ruido espantoso, los cuatros eucalip-tus y los pinos piñoneros se vienieron encima de la casa, arrastrando en su caída la chi-menea y toda la pared de ese lado. Los troncos cayeron justo en las camas que habían ocupado mis nietas hasta hacía un ratito y aplastaron a mi marido".-
Lucía se atraganta. Le corren gruesos lagrimones por la cara y se le estremece el pecho con los sollozos. No quiero que sufra y trato de cambiar de tema, mientras Fabini le pres-ta un pañuelo para secarse los ojos. Pero no conozco a Lucía. Con un profundo suspiro se rehace, se acomoda los rulos grises, limpia los lentes y sigue contando.
" En un segundo aquello fue un infierno. Traté de salir corriendo a buscar ayuda., pero las puertas no abrian... el golpe había desencuadernado la casa entera. Por fin logré salir por una ventana y bajé por encima de las ramas de los mismísimos árboles caídos a bus-car a mi yerno.Ahí me enteré que el pobre al volver a su casa, había oído por la radio que se venía un temporal grandísimo y se vino hasta casa a avisarnos. Pero le dio no se que, ser aguafiestas, porque todavía quedaban muchos invitados y se fue sin decirnos nada des-pués de pedirme una aspirina.... (para disimular, ¿Sabe?..)
Y Lucía se inclina hacia mi con aires de disculpar la travesura de un niño- "Cómo le iba contando, entre los dos logramos sacar a mi viejo de debajo de los escombros, con el úl-timo aliento.
Se lo llevaron a Traumatología para tratar de remendarlo . Hicieron lo que pudieron.. Vivió tres años mas, pero no se ni para que...ya no era ni la sombra de lo que había sido A veces pienso que hubiera sido mejor que se hubiera quedado en aquel último aliento."
"Pero volviendo a lo que le decía, mi querida. Se me arruga el corazón cuando veo co-mo tumban los árboles que plantamos con tanto sacrificio para hacer casa. Mire, venga conmigo".
Y otra vez se levanta, sin ninguna pereza, me toma del brazo y me arrastra hasta el cos-tado de la casa, donde habían estado reunidos comiendo aquella famosa torta de cum-pleaños."
¿Ve?.. Ese terreno era mío. Lo vendí el año pasado y tiraron toditos los eucaliptus para hacer esa porquería de casa que ve allí.¿A Usted le parece que había necesidad?.....
Horrorizada, veo tirados en el suelo no menos de veinte gigantescos troncos de eucalip-tus rojo, gruesos como la cintura de una mujer embarazada. Como en un caleidoscopio vuelvo a ver las macetitas de barro hechas por Lucía, las semillas traídas de Italia, el fa-rol alumbrando las plantitas tiernas en la madrugada, la familia entera protegiéndolas de las hormigas, el cuidado para que aquella semilla brotara, se convirtiera en tallos y en ho-jas., los soles y las lluvias.
Los inviernos y los veranos que se necesitaron para que se hiciera realidad un solo árbol majestuoso. Pienso en los nidos caídos, el silencio de los pájaros que se fueron, los mil bicharracos que se quedaron sin casa y me duele. Me duele tanto como a Lucía y entiendo su rabia.
"Sin embargo, no hay que se rencorosa, mi querida"- y aquellas manos fuertes y bien cui-dadas, que habían realizado el milagro de convertir un arenal en un bosque, acomoda-ron coquetamente los rulos grises una vez mas- Ya ve... me mataron al viejo y yo sigo plantando un árbol todos los días... y pienso seguir haciéndolo hasta el día en que me muera......

Atlántida hace 40 años
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Esta historia es verídica. La escribió Rosario Infantozzi. y se publicó en el libro :"Cuentos de Viento y de mar" Historias de Atlántida. .......
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