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Encuentros milagrosos |
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Intentaré traspasar aquellos
momentos especiales vividos en el período que mi hermano de jóvenes 44
años padecía de un tumor cerebral canceroso maligno; glioma dijeron los
especialistas y fue entonces que para mí el mundo y mi interior se
transformaron. Mi hermano es, y digo ES porque aún cuando partió en
celebración de Corpus Christi del 2006 sigue en cada momento junto a mi corazón,
es parte de cada latido de mi ser y vivirá en mí hasta mi último suspiro.
Casi un año entre clínicas,
operación, terapias y un dolor que partía más que el corazón toda el alma
y quiebra en momentos la fé aún cuando rogabamos sin cesar por un
milagro.........oh DIOS, ¿donde se fue tu amor? preguntaba y no sentía
respuesta.......supliqué mil veces sin embargo aquella dolencias continuaba
su curso inmutable a todo aquello que como familia vivíamos.
Fue entonces que una mañana
decidí ir acompañada de mi sobrina Daniela hasta el Iglesia de San Francisco
donde cada jueves acuden muchos fieles buscando aquel cobijo
incomparable, aquel abrazo cálido y tierno, aquél sentimiento de amor que
solo el PADRE nos puede brindar. Ingresamos suavemente para no interrumpir la
comunicación espiritual de la única persona que a esa hora visita la
Iglesia, y luego de orar frente al Amado Jesús de la Misericordia dirigimos
nuestro pasos hacia Santa Teresa de Los Andes en quien mi tierno y dulce
hermano tenía mucha fé......y allí mi llanto no pude contener y mientras
lloraba en silencio en ese apartado lugar fue entonces que una voz de un joven
con cierta deficiencia mental dijo "la tía tiene pena, la tía está
llorando", sin embargo esta voz provenía desde el sector donde yo daba
la espalda por tanto aquella persona no me veía de frente. Entonces mientras
Daniela me tomaba la mano ese joven se acerca dulcemente y se recuesta en mi
hombro diciendo "ya no llore, todo va a pasar". Imposible olvidar
aquellos ojos que mostraban inteligencia a pesar de la evidente
discapacidad,su rostro con una sonrisa tranquila, su pelo sobre los hombros y
una barba con algunas canas; vestía jeans limpios y una casaca verde
musgo, era alto y no traspasaba los 28 años.
Le dije disculpara mis lágrimas
y tan solo sonrió para luego acompañarnos hasta la imagen de Nuestra Señora
de Fátima donde se ofreció a recoger agua bendita y entregarla a Daniela .
Entonces le dimos las gracias y él volteo muy rápido traspasando el umbral
de la puerta que anexa el pequeño patio con la Parroquia saliendo nosotras
tan solo 4 pasos detrás. Pero quedamos muy sorprendidas cuando desapareció
al doblar la puerta..........lo buscamos de inmediato, retornamos donde Santa
Teresita, salimos a la calle y nada...fue como si traspasara hacia otra
dimensión en segundos entonces mi pequeña sobrina me dice "tía, era un
ángel".........y fue entonces que mi corazón recibió esa maravillosa
voz interna que me decía que no estaba sola, que desde el cielo me escuchaban
y que ese misterioso visitante estaba allí lleno de amor para nosotros.
Esta ha sido una experiencia
que no olvidaré pues recibí respuesta a mi llamada y encontré la luz que
cada día guía mi creciento interior.
Cecilia
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