Por muchos años hemos escuchado como debe ser la experiencia de Dios, como rezar, cuando ir a misa, ser bueno y reconocer que somos pecadores. Eso no está mal y no pretendo de ninguna manera criticar la manera de cada quien de expresar su fe, sus creencias y su amor a Dios. Quiero es compartir mi experiencia maravillosa de Dios. Esta experiencia me acerca más a mí. Lo que soy y lo maravillosa que soy por ser la hijita predilecta de Dios. Experimentar a Dios en mi vida se ha traducido en ver el prodigio que soy, no veo mis pecados, ni mis limitaciones, veo la creación perfecta de Dios y la grandeza de sentirte parte de él, no como un ser insignificante y pecador, sino como su hija, heredera de su amor, de su gloria y su armonía. Entiendo cuando Jesús decía que no tengamos miedo del mañana, de lo que comeremos, de lo que vestiremos, pues los pájaros no piensan en que comer y tienen en abundancia, las flores no piensan en vestir y tienen los mas hermosos colores, que el ser humano con toda la tecnología no ha podido igualar. Soy hijos maravillosos de Dios, estamos llenos de su experiencia en la tierra. Dios quiere vernos realizados, felices. Amar a Dios, orar y cumplir con sus preceptos por miedo a ir al infierno y condenarnos, no tiene mérito y no nos hace feliz. El día en que queramos acercarnos al amor, que lo único que nos mueva sea el amor. A veces, cuando he ido a misa, oigo a sacerdotes que hablan del castigo de Dios, la obligación que tenemos con Dios y lo malos que somos. Siempre he pensado que el ser humano necesita escuchar que Dios lo ama, tal cual sin exigir nada, que no necesitamos hacer nada, y que tenemos dones y venimos a ser felices. Hace como dos domingos, escuché la misa de un sacerdote maravilloso, que lo único que hizo fue hablar lo maravilloso de ser humanos, de vivir nuestra vida en amor, que Dios quiere nuestra felicidad. Tenemos dones maravillosos que desperdiciamos porque estamos muy preocupados en criticarnos y castigarnos. Dios no quiere que nos castiguemos y nos quememos en el infierno. NO! Dios nos quiere felices, realizados. Nadie puede dar amor si no se ha dado amor primero. Así que lo primero que debemos hacer es amarnos inmensamente, cuidarnos y mimarnos. Cuando ya seamos lo suficientemente amorosos con nosotros mismos, tendremos todo el corazón abierto para dar amor. Antes de amarnos no podemos dar amor. Y si damos amor sin amarnos primero, seríamos los mentirosos mas grandes del mundo. No seríamos seres de amor, seríamos mentirosos. La experiencia de Dios es maravillosa. Es una experiencia individual y única. Ir a misa, al templo, orar, realizar prácticas religiosas ayudan a conectarnos con Dios, pero la esencia es el corazón, lo demás es añaduría. Abran su corazón al amor, abran el corazón a un Dios bueno que nos ama, que quiere que descubramos nuestros talentos y seamos felices compartiendo lo que tenemos en nuestro corazón. Dejemos de criticarnos duramente, dejemos de insultarnos y no creer en nosotros. Comencemos a darnos amor, paz, armonía y apoyo. Cuando comencemos a ser felices, podremos dar amor a los demás. Amen mucho. Si ya no pueden mas, sigan amando y cuando no les quede mas nada que dar, sigan amando.
|