Jesús
y la estrella
Por: Hortensia Galvis Ramírez
Cada
ser humano que nace en la Tierra tiene la guía de su propia estrella.
Algunos pierden contacto con ella, cuando se sumergen muy hondo en el
fango, y su visión se nubla. Pero aun cuando no se vea, esa estrella
está ahí, es la presencia de Dios que jamás desampara a sus hijos.
Cuando la recordamos, tomamos aliento para proseguir la marcha. Solo
ella sabe cuál es el camino, que habrá de llevarnos al nacimiento de
la Luz y el Amor, en esa
pesebrera oscura, que es nuestro cuerpo, hecho de polvo de estrellas
que alguna vez cayeron y perdieron su rumbo y su luz.
Hubo
una vez un niño llamado Jesús, que como humano era solo una pequeña
brizna de polvo en la inmensidad. Pero, este pequeño fijó su atención
en la estrella que le acompañaba, y como “somos aquello que nuestra
mente piensa” ella poco
a poco fue bajando del cielo, hasta que un día se acercó tanto que
quedó para siempre adherida a su corazón. Entonces ese ser de polvo
de estrellas, llamado Jesús, se inflamó y creció tanto, que se
convirtió en el estallido de una gran super nova de magnífico
brillo. Pero nunca olvidó a ese planeta pequeño que meció su cuna.
Y recordando su estirpe se dividió en millones de diminutos
fragmentos, que impregnaron la Tierra y sembraron en todos su semilla
de resurrección..
Desde entonces todos los niños que nacen en este planeta
llevan como regalo una pequeña flama, que El plasmó en la memoria
genética que construye la raza. Así el camino de retorno al hogar
abrió sus puertas para aquellos que siguieran su ejemplo. Si escuchas
atentamente tu llamada interior, puedes oír un susurro muy quedo, que
insinúa despojarte de esos ropajes de angustia, densidad y dolor, y
alcanzar las estrellas, para continuar tu viaje vestido de luz.
La
semilla que Jesús sembró, ha crecido y madurado por siglos en almas
afines. El pulso de vida comienza a cambiar, con el despertar de miles
que forman ahora una red planetaria. A esa
gran malla, integrada por conciencias de luz, la llamamos el
“Mesías colectivo”, o la “Segunda Venida del Cristo”. Es el
inmenso poder del espíritu preñando la Tierra,
y rasgando los velos milenarios de ignorancia y olvido,
para descubrir el secreto del vínculo que une desde siempre a
toda la familia solar. Así concluye una fase en la historia, que
comenzó con el nacimiento humilde de un niño, que convirtió su
cuerpo en esplendor de estrellas, y redimió a millones que habían
perdido su rumbo y su luz.
La
estrella que antes llevó a los tres reyes hasta la presencia del
Cristo hoy también guía a sus hijos hacia
“La Jerusalén Nueva”. Este no es otro lugar en el mundo,
sino el símbolo de la ascensión colectiva, que manifestará el cielo
en la Tierra. Ya ese templo sagrado está siendo erigido con
piedras preciosas, porque sus ladrillos son seres, cuyo cuerpo
ha escogido reflejar la luz. La Jerusalén Nueva es la conciencia que
no está atada a cadenas, ni a sombras, donde la verdad realmente
libera. Es el ave fénix que resurge de entre las cenizas, y emprende
su vuelo hacia las alturas. Es la era dorada que se iniciará cuando
ya no queden lágrimas sino solo sonrisas, cuando no existan
distancias sino pura unidad, cuando nadie enferme, ni se hable de
muerte, sino que todos vivamos en la eternidad.
lo envió Balo
Ángeles
Solares
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