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" Oh
glorioso Príncipe Miguel. Quien mejor que tú, conoce cuan terrible ha
de ser comparecer ante el Tribunal Divino. Tú eres quien introduce las
almas que han sido acompañadas hasta allí por tus ángeles. Tú
asistes al juicio de cada vida. Sostienes la balanza mientras son
pesadas en ella las buenas y malas obras y escuchas la sentencia final.
Recurro a ti para obtener una indulgente acogida. Disipa en mí, todo
temor ante la Divina Justicia, lléname de confianza en la Divina
Misericordia, e indúceme a producir obras que me aseguren una sentencia
favorable. Oh Arcángel Miguel, Príncipe de la Milicia Celeste, alcánzame
un juicio favorable ".
Que así sea y
será
Tito
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