Gracias a los escritos de Miguel de Cervantes en su internacional obra "Don quijote de La Mancha", hemos sabido de los molinos de viento, que antiguamente se desplegaban en las zonas altas de los pueblos de la comarca de la Mancha. Se llamaban de viento porque gracias a él se podían triturar los granos de los cereales cosechados. La parte superior del molino, de color negro, formaba una cúpula y hacía de techo, era giratoria, y así orientaban las aspas del molino. Las aspas, que eran de madera, iban recubierta por una gran tela que se le ataba, y el viento, las movía al igual que se mueven las velas de un barco velero. Para saber de qué lado se orientaban las aspas, se abrían las ventanitas de arriba del molino y se ponía un montoncito de harina, ésta volaba con el viento, sabiendo así de que lado soplaba, entonces giraban toda la cúpula o techo para aprovechar al máximo la dirección del viento y así poder convertir los granos de trigo en harina. Estos hermosos y gigantescos molinos los podemos encontrar a lo largo de toda La Mancha, en sus pocos montículos, destacados entre las inmensas llanuras, están en pueblos como Campo de Criptana, Alcázar de San Juan, Consuegra, Mota del Cuervo, Herencia, etc.
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