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NUEVE
MÁXIMAS ORIENTALES
Serenidad.
Sé tranquilo en tu interior. Deja que esa paz y esa alegría interior
irradien a través de un semblante sereno. Un semblante sereno es pacífico,
sonriente, serio y no muestra ninguna emoción violenta. Es como la
superficie de un lago en calma.
Regularidad.
Sé regular en tus hábitos diarios, en tus prácticas espirituales y en
tu trabajo. Levántate siempre a la misma hora. Sé puntual en tus
actividades. Eso te liberará de preocupaciones y ansiedades. Harás
siempre lo correcto en el justo momento.
Sinceridad.
Deja que tus palabras coincidan con tus pensamientos. Deja que tus
acciones coincidan con tus palabras. Deja que haya armonía entre tus
pensamientos, palabras y acciones.
Simplicidad.
Sé natural. Habla con sencillez. No retuerzas las palabras, ni los tópicos.
Sé llano. Evita la diplomacia, el disimulo y la sinuosidad.
Veracidad.
Sé veraz. Cumple tus promesas. No exageres ni retuerzas los hechos.
Piensa dos veces antes de hablar. Habla dulcemente y sé preciso en lo
que dices.
Humildad.
No alardees de tu nacimiento, posición, cualidades o logros
espirituales. Recuerda la naturaleza evanescente de todas las cosas.
Elogia a otros. Ve a Dios en todos. Trata incluso a la más pequeña de
las criaturas como a tu igual.
Tranquilidad.
La irritabilidad es precursora de violentas explosiones de cólera.
Vigila las alteraciones del equilibrio mental. Observa las pequeñas
olas de cólera que rizan el lago de tu mente. No permitas que adquieran
grandes proporciones. Entonces alcanzarás un estado de no
irritabilidad, de paz y amor.
Ecuanimidad.
Ten calma. Soporta pacientemente el insulto, la injuria, el sufrimiento,
el fracaso y la falta de respeto. No te engrías con la alabanza, el éxito
y los honores. En ambas situaciones mantén una actitud equilibrada.
Obra igual con los amigos y con los enemigos. No dejes nunca que nada
disturbe tu paz interior.
Fijeza.
Recuerda que una mente inconstante no tiene posibilidades de alcanzar
nada. Despierta tu discriminación. Elige tu ideal. Tenlo siempre
presente. No dejes que tu mente se aparte de él ni un sólo momento.
Rubén
Fernández, Bs. As., Argentina
lo
envió Jorge Casal de la revista Thelema
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