El
supremo Dios de Egipto; hijo de Seb (Saturno),
Fuego Celeste y de Neith, Materia
Primordial y Espacio Infinito. Esto le presenta como el Dios existente por
sí mismo y autocreado, la primera deidad manifestada, idéntico a Ahura
Mazda (persa) y a otras “Primeras Causas”. Porque como Ahura Mazda
es uno con los Amshaspends, o la síntesis de ellos, así Osiris, la
Unidad colectiva, cuando está diferenciada y personificada, se
convierte en Tifón, su hermano; Isis y Neftis, sus hermanas; Horus, su
hijo, y sus otros aspectos. Nació en el monte Sinaí, el Nyssa del
Antiguo Testamento, y fue sepultado en Abidos, después de haberle
matado Tifón a la temprana edad de veintiocho años, según la alegoría.
Según Eurípides, es lo mismo que Zeus y Dionisos, o Dio-Nysos, “el
Dios de Nyssa”; puesto que Osiris fue criado en Nisa, en la Arabia
“Feliz”. Esta tradición tiene en común con la Biblia la afirmación
de que “Moisés erigió un altar y llamó el nombre Jehovah Nissi”,
o cabalísticamente “Dio – Iao – Nyssi”. Los cuatro principales
aspectos de Osiris eran: Osiris – Ptah (Luz), el aspecto espiritual;
Osiris – Horus (Mente),
el aspecto intelectual
o Manas;
Osiris – Lunus, el aspecto
“lunar”, o psíquico, astral; y Osiris – Tifón, el aspecto daimónico,
o físico, material; y por consiguiente, pasional, turbulento. En estos
cuatro aspectos Osiris simboliza la dualidad; esto es, el divino y el
humano, el cósmico - espiritual y el terrestre. De los numerosos dioses
supremos, este concepto egipcio es el más grande y el más
significativo, por cuanto abarca todo el campo del pensamiento físico y
metafísico. Como divinidad solar, tiene debajo de él doce dioses
menores, los doce signos del Zodíaco. Aunque su nombre es el
“Inefable”, sus cuarenta y dos atributos llevan cada uno de ellos
uno de sus nombres, y sus siete aspectos duales completan el número de
cuarenta y nueve, o 7 x 7; simbolizados los primeros por los catorce
miembros de su cuerpo, o dos veces siete. Así el dios está fundido en
el hombre, y el hombre es deificado o convertido en un dios. Se le
invocaba con el nombre de Osiris – Eloh (Dios en hebreo). Osiris es
uno de los Salvadores o Libertadores de la humanidad y como tal nació
en el mundo. Vino como bienhechor para remediar la tribulación del
hombre. En sus esfuerzos para hacer bien, encuentra el mal y es
temporalmente vencido. Es matado por Seth, su hermano, y es sepultado.
Su tumba fue objeto de peregrinación por espacio de miles de años,
pero no permaneció en su sepultura; al cabo de tres días, resucitó; y
después de cuarenta, ascendió al cielo. El Libro de los Muertos, dice:
“Osiris es el Principio bueno y el malo; el Sol diurno y el nocturno;
el Dios y el hombre mortal”. Reinó como príncipe en la Tierra, en
donde, por sus beneficios, ha venido a ser la representación del bien,
así como Seth, su matador, es la representación del mal. Desde otro
punto de vista más elevado, Osiris es la Deidad misma, el Dios “cuyo
nombre es desconocido”, el Señor que está sobre todas las cosas, el
Creador, el Señor de la Eternidad, el “Unico”, cuya manifestación
material es el Sol (Ra), y cuya manifestación moral es el Bien. Muere
el Sol, pero renace bajo la forma de Horus, hijo de Osiris; el Bien
sucumbe bajo los golpes del Mal, pero renace en forma de Horus, hijo y
vengador de Osiris, representación de todo renacimiento, y con este
nombre reaparece el Sol en el horizonte oriental del cielo. En su
calidad de Sol muerto o desaparecido, Osiris es el Rey de la Divina región
inferior o Amenti. Jorge Casal - Revista Thelema |