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Un equipo de tres mecánicos salteños que había concurrido a efectuar el rescate de un minibús de una expedición científica canadiense averiado en el sector chileno de la región andina que limita con las provincias de Salta y Jujuy, vivió una insólita experiencia: un objeto volador no identificado (OVNI), de gran tamaño, esférico y de una "luminosidad impresionantemente blanca", los siguió durante más dos horas, en una recta que une a las localidades puneñas de Susques con Purmamarca, en el camino del paso internacional de Jama. "Jamás había sentido tanto miedo. Esa cosa no era de este mundo. Se movía a una velocidad imposible y en una ocasión, se nos acercó tanto, que pensamos que nos iba a impactar", relató Raúl Eduardo Oviedo Tomás, del taller salteño "Forani". Los norteamericanos estaban varados en San Pedro de Atacama. Encabezados por la doctora Randall, realizaban un relevamiento de la flora cordillerana. "Salimos el sábado a las 4.45 de Salta, rumbo a la cordillera. Solicité a dos amigos -Marcos Figueroa y Alejandro- que me acompañaran para no efectuar el trabajo ni el viaje en solitario. Era la primera vez que recorrería esos caminos. Y realmente, quedé impresionado. No sólo por el paisaje ni la desolación, sino por lo dificultoso. Hay que trepar -ejemplificó- al llegar a Chile, una cuesta de más de 70 kilómetros de largo, que puede destruir el motor de cualquier unidad conducida por un neófito", comenzó su relato Oviedo Tomás, de 37 años y físico atlético. Luego, continuó: "Arribamos a San Pedro de Atacama a eso de las 14 del mismo día. Pero, en el lugar, nos dimos cuenta que sería imposible remolcar el minibús canadiense con mi camioneta Chevrolet S10 doble cabina: pesaba más de 5.000 kilos y nos bastó apreciar su estructura y equipamiento para determinar que la única forma de moverlo de allí sería con el concurso de un camión mosquito o similar. Por ello, decidimos emprender el regreso", contó el mecánico. El episodio Sin vacilar en su narración, aspirando profundas bocanadas de un cigarrillo, Oviedo Tomás prosiguió: "El camino en el sector argentino es realmente espantoso, sobre todo por el contraste con el lado chileno que es una mesa de billar asfaltada, con señalización y marcaciones viales. A tal punto, que antes de llegar a Susques, las lajas nos reventaron una cubierta lo que determinó que hiciéramos esa parte de la travesía angustiados porque no teníamos otro repuesto. Pensábamos repararla en el pueblito pero el gomero estaba de viaje, de modo que debimos continuar así nomás. Todavía era sábado. Como a las 20, salimos de Susques a Purmamarca. Ibamos escuchando música y comentando la impresionante soledad y oscuridad de esta zona, que es una planicie en la altura. De pronto, las luces y la radio se apagaron. Frené porque la oscuridad era tal que no se veía nada de nada. "Dejate de joder", me dijo Alejandro que iba en el asiento de atrás. Mientras tanto, yo movía todas las perillas para ver qué había pasado. Nada funcionaba, sólo el motor. De pronto, a mano derecha y no se a qué distancia, vi una luz extraña. Era una pequeña esfera que irradiaba un haz blanco intenso. "¿Vieron eso?", preguntó Marcos. No alcancé a responderle, aunque pensé que era lo que llaman la "luz mala", porque comenzó a moverse velozmente en dirección a nosotros, hasta que se hizo enorme. Se detuvo y quedó estática. "No miren", les dije a mis amigos, aunque no se por qué. De improviso, las luces y la radio se encendieron. Aceleré e imprimí la mayor velocidad posible a la camioneta. Sin embargo, "eso" comenzó a volar, en una línea recta perfecta, en forma paralela. No emitía ni un solo ruido. De repente, tomó velocidad y en menos de un segundo, se perdió al fondo de la planicie. Nos quedamos callados, sin hacer ni un solo comentario, aunque todos nos preguntamos varias veces: "¿Lo viste, lo viste?". Seguimos en silencio, aunque no por mucho rato, porque después sucedieron cosas que son para no creer. (Siga el relato en esta misma página: "Creí que íbamos a morir"). http://www.eltribuno.com.ar/ |