El Padre Nuestro y Ave María

Hoy día, la mayoría de la gente va de aquí para allá, infelices, inquietos, ansiosos por encontrar un sentido a su vida y sin razones válidas para vivir y que serene su mente, ya que han invertido las prioridades.


BENDITA TU ERES Y BENDITO EL FRUTO: La gloria de Dios, brilla con especial belleza e intensidad en la Virgen María, por ser la llena de gracia y por estar íntimamente unida a Dios. La Virgen María, está intrínsecamente unida a la Santísima Trinidad por ser hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo.


Algunos se atreven a negar esa íntima unión y por ende, niegan la divinidad de Cristo a quien dicen seguir. La Virgen María, como Madre de Dios, sin dejar de descender de Dios, tiene la dignidad, por vocación Divina, de ser superior a cualquier otro ser.


Esa dignidad existe dentro del misterio de Dios, ya que Dios mismo hecho hombre lleva su sangre, ha nacido de ella, lo que equivale a decir que existe parte del ser de la Virgen que, comunicado al concebir a su Hijo Jesús, es ya humanidad Sagrada y Divina.
La Virgen María es también esposa del Espíritu Santo, el amor increado eterno del padre y del hijo, ya que Dios mismo fecundó sus purísimas entrañas e hizo de Ella la Madre siempre Virgen que da una gloria especial a Dios.


Por eso, el católico debe sentir gran gozo al recordar esa digna vocación de la madre, Virgen María y que es precisamente lo que expresamos en esta festividad de la Virgen de los Ángeles.


La Virgen María es lazo de unión entre Dios y nosotros los peregrinos, que unidos en esa madre, pedimos por todos al decir: RUEGA POR NOSOTROS PECADORES. De igual manera, en el Padre Nuestro, le decimos a Dios: VENGA A NOSOTROS TU REINO Y NO NOS DEJES CAER EN TENTACION, MAS LIBRANOS DE TODO MAL.


Suplicamos para que se nos proteja y nos libre de esa hora final de caer en las garras del maligno. Existen otras partes de ambas oraciones en que podemos ver esa relación, como también se dan en todas la verdades de fe. Pidámosle a nuestra Madre Santísima de los que nos dé verdadera devoción y auténtica confianza en Dios, cada vez que recitemos el padre Nuestro y el Ave María.


Esforcémonos para que, como la Virgen María, tengamos total seguridad de que Dios no nos va a defraudar en nuestras súplicas, porque Dios escucha y concede todo lo que se pida con fe, como leemos en S.Mc.:11,24: "Todo cuanto pidáis en la oración, creed que lo recibiréis y lo tendréis".

Lic. Claudio Berrocal Bravo

 

 

 

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