A través de estos escritos hemos completado ya un
curso básico de lo que se conoce como “La Tabla de la
Esmeralda” de Hermes Trismegisto. Vimos como sus máximas de
sabiduría contienen los principios de simpatía y antipatía que
relacionan todas las partes del universo. Pero, “La Tabla de la
Esmeralda” representa además, el fundamento de todas las
religiones, antiguas y modernas, y contiene la esencia de la
doctrina secreta de los antiguos alquimistas, quienes en idioma
hermético hablaban de lo exterior para referirse a lo interior.
“Trasmutar el plomo en oro” era para ellos a la vez: un
experimento químico de laboratorio y el arte de convertir el
sufrimiento en paz interior y felicidad, o alquimia del espíritu.
La palabra “hermético” en todas las lenguas se define
como impenetrable, o difícil de entender. Y de hecho, hasta
nuestros días “La Tabla de la Esmeralda” guardaba velado su
secreto, comprensible solo para aquellos que poseían ciertas
claves internas para descifrarlo. Pero el hombre del siglo XXI ha
logrado ampliar su visión con el lente de microscopios y
telescopios. Y el cultivo de la tecnología exterior nos ha
permitido, cuatro mil años después, la comprobación de datos
que antes eran privilegio de los iluminados.
Hermes Trismegisto existió en el antiguo Egipto, donde se le
veneró con el nombre de Tot. Fue contemporáneo de Abraham
(segundo milenio ADC), y si la leyenda no miente, se dice que fue
el instructor de este venerable patriarca. Entre los siglos 1 al 3
ADC los escritos de Hermes fueron traducidos tanto al griego como
al latín, y a partir de entonces estas ideas y creencias tuvieron
un gran significado en la vida intelectual y religiosa de la época.
Pero popularizar es vulgarizar y sus seguidores griegos y romanos
dividieron para comprender. Así se perdió la noción de
totalidad, que era la característica más notable de la sabiduría
hermética.
El legado de Hermes se desmembró entonces en varias
ciencias populares, como Astrología, Medicina y Alquimia. Y quedó
como materia aparte el hermetismo escolástico, más tarde llamado
ocultismo. Este último estudiaba la Teología y Filosofía
recopilada en el “Habeas Hermeticum” , o colección de 17
tratados con traducción de Asclepius. Con la fragmentación de
las enseñanzas de Hermes-Tot nació en esa época la división
recalcitrante, todavía vigente, entre ciencia y religión.
El Hermetismo fue también extensamente cultivado por los árabes,
y a través de ellos logró gran influencia en occidente. En la
literatura árabe, de fines del medioevo y del renacimiento, se
encuentran muchas alusiones a Hermes Trismegisto y a sus enseñanzas.
La raza humana tiene ahora que cerrar un ciclo evolutivo que ya se
ha completado. Por eso es el momento de unir fragmentos dispersos
y recobrar la visión de totalidad que hemos perdido. Nada más
adecuado entonces que retomar las enseñanzas de Hermes
Trismegisto, que guardan el elemento común a todas la religiones,
a todas las creencias, y que por lo tanto pueden reconciliar
dogmas aparentemente contradictorios. Ahora la humanidad caminará
junta hacia una civilización global de síntesis, donde no habrá
cabida para mentalidades fanáticas, atadas con exclusividad a una
sola raza, sexo, religión, o país. La misma verdad debe ser
visible desde todos los ángulos, y el propósito trascendental de
la especie humana puede ser unificado en la búsqueda común de
volver a Dios, mediante el conocimiento profundo del hombre.