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El trabajo encomendado del alma
Sólo
mi alma puede llegar hasta el punto de fortaleza en que permanezco y
ese camino está siempre abierto para ella.
Me dedico a la tarea asignada por mi alma.
A
menudo desciendo desde el punto elevado y recorro con mis hermanos los
caminos de la vida y de la belleza.
Me dedico a ayudarlos.
Trato
de derramar la radiación del amor sobre todos aquellos con quienes
entro en contacto y me dedico a irradiar amor en esta vida.
Con
tranquilidad enfrento mi vida diaria, sabiendo que todo irá bien.
Con
confianza me hago cargo de toda responsabilidad que se me presenta,
porque nada puede tocar mi alma.
Me dedico a manifestar esta confianza.
Amo
y sirvo a quienes debo amar en el camino de la vida.
Los observo sin temor, me dedico a fortalecer sus almas.
Permanezco
en mi torre en el lugar elevado de visión y allí vivo, amo y
trabajo.
Me consagro a cumplir este elevado destino”.
(El
Tibetano) lo envió Paola |