Muchas
gentes creen en Dios y muchas gentes son ateos, no creen en Dios;
existen también muchos individuos que ni creen ni no creen, estos últimos
procuran portarse bien en la vida por si acaso hay Dios. Nosotros
decimos que la creencia en Dios no significa haber experimentado eso que
es la Verdad, eso que se llama Dios. Nosotros decimos que negar a Dios
no significa haber experimentado Eso que es la Verdad, eso que se llama
Dios. Nosotros decimos que dudar de la existencia de Dios no significa
haber experimentado la verdad. Necesitamos experimentar Eso, que puede
transformarnos radicalmente, Eso que muchos llaman Dios, Alá, Tao, Zen,
Brahatman, Inri, etc., etc. La
mente del creyente está embotellada en la creencia y esta última no es
experiencia de Eso que es la Verdad, Dios, Alá o como se le quiera
llamar. La mente del ateo está embotellada en la incredulidad y esta última
tampoco es experiencia de Eso que es la Verdad, Dios, Brahatman, etc.,
etc. La mente del que duda de la existencia de Dios está embotellada en
el escepticismo y este no es la Verdad. Lo que Es, aquello que es la
Verdad, Dios, Alá, como queramos llamar a Eso que no tiene nombre, es
totalmente distinto a la creencia, a la negación y al escepticismo.
Mientras la mente esté enfrascada en cualquiera de estos tres factores
de la ignorancia, no puede experimentar Eso que los chinos llaman el
Tao, Eso que es Divinal, Eso que es la Verdad, Dios, Alá, Brhatma, etc.
Quien ha experimentado alguna vez Eso que no se puede definir porque si
se define se desfigura, Eso que algunos llaman Dios, es claro que pasa
por una transformación radical, total y definitiva. Cuando
Pilatos le preguntó a Jesús, ¿qué es la Verdad? Jesús guardó
silencio. Cuando al Buda le hicieron la misma pregunta, dio la espalda y
se retiró. La Verdad es incomunicable como es incomunicable el sublime
éxtasis que sentimos cuando contemplamos una bella puesta de sol. La
Verdad es cuestión de experiencia mística y solo a través del éxtasis
podemos experimentarla. Todo el mundo puede darse el lujo de opinar
sobre la Verdad, pero la Verdad nada tiene que ver con las opiniones. La
Verdad nada tiene que ver con el pensamiento, la Verdad es algo que
solamente podemos experimentar en ausencia del Yo. La Verdad viene a
nosotros como ladrón en la noche y cuando menos se aguarda, realmente
la Verdad es algo muy paradójico, el que la sabe no la dice y el que la
dice no la sabe. La Verdad no es algo quieto y estático, la Verdad es
lo desconocido de momento en momento. La Verdad no es una meta a donde
debamos llegar, la Verdad se encuentra escondida en el fondo de cada
problema de la vida diaria. La Verdad no pertenece al tiempo ni a la
eternidad, la Verdad está más allá del tiempo y de la eternidad. La
Verdad, Dios, Alá, Brahatman o como se quiera llamar a Eso, que es la
Gran Realidad es una serie de vivencias siempre expansivas y cada vez más
y más profundamente significativas. Algunas
personas tienen sobre la Verdad una idea y otras personas otras ideas;
cada cual tiene sobre la Verdad sus ideas propias, pero la Verdad nada
tiene que ver con las ideas, es totalmente distinta a todas las ideas,
en el mundo hay muchas personas que creen tener la Verdad sin haberla
experimentado jamás en la vida, esas gentes por lo común quieren enseñarle
la Verdad a quienes sí la han experimentado alguna vez. La experiencia
de la Verdad sin la sabia concentración del pensamiento, se hace
imposible. Existen dos tipos de concentración, la primera es de tipo
exclusivista y la segunda es de tipo pleno, total, no exclusivista. La
verdadera concentración no es el resultado de la opción con todas sus
luchas, ni escoger tales o cuales pensamientos. Eso de que yo opino, que
este pensamiento es bueno y que aquel es malo, viceversa; eso de que no
debo pensar en esto y que es mejor pensar en aquello, etc., forma de
hecho conflictos entre la atención y la distracción y donde hay
conflictos no puede existir quietud y silencio de la mente. Nosotros
debemos aprender a meditar sabiamente y según surja en la mente cada
pensamiento, cada recuerdo, cada imagen, cada idea, cada concepto, etc.,
debemos mirarlo, estudiarlo, extraer de cada pensamiento, recuerdo,
imagen, etc., lo mejor. Cuando
el desfile de pensamientos ha terminado, la mente queda quieta y en
profundo silencio, entonces la Esencia de la mente se escapa y viene la
experiencia de Eso, que es la Verdad. Nuestro sistema de concentración
nada excluye, es plena, total, íntegra; nuestro sistema de concentración
incluye todo y no excluye nada; nuestro sistema de concentración es el
camino que nos conduce a la experiencia de la Verdad. * Samael Aun Weor lo envió Jorge Casal Revista Thelema
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